18 de marzo
Mañana
Gálatas 3:26«todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.»La paternidad de Dios es común a todos sus hijos. ¡Ah, Poca-fe! Muchas veces has dicho: «¡Oh, si yo tuviera el valor de Gran-corazón, para blandir su espada y ser tan valiente como él! Pero, ay, tropiezo con cada paja, y una sombra me atemoriza». Escucha, Poca-fe. Gran-corazón es hijo de Dios, y tú también eres hijo de Dios; y Gran-corazón no es ni un ápice más hijo de Dios que tú. Pedro y Pablo, los apóstoles tan altamente favorecidos, eran de la familia del Altísimo; y tú también lo eres. El cristiano débil es tan hijo de Dios como el fuerte.
Este pacto permanece seguro, aunque se inclinen los antiguos pilares de la tierra; el fuerte, el frágil y el débil son ahora uno en Jesús.
Todos los nombres están en el mismo registro de la familia. Uno puede tener más gracia que otro, pero Dios, nuestro Padre celestial, tiene el mismo corazón tierno para con todos. Uno puede hacer obras más poderosas, y traer más gloria a su Padre, pero aquel cuyo nombre es el menor en el reino de los cielos es tan hijo de Dios como el que está entre los valientes del Rey. Que esto nos aliente y nos consuele cuando nos acercamos a Dios y decimos: «Padre nuestro».
Sin embargo, aunque nos consuela saber esto, no nos quedemos contentos con una fe débil, sino pidamos, como los apóstoles, que nos sea aumentada. Por muy débil que sea nuestra fe, si es fe verdadera en Cristo, llegaremos al fin al cielo; pero no honraremos mucho a nuestro Maestro en nuestra peregrinación, ni abundaremos en gozo y en paz. Si, pues, quieres vivir para la gloria de Cristo y ser feliz en su servicio, busca ser lleno del espíritu de adopción cada vez más por completo, hasta que el amor perfecto eche fuera el temor.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Juan 15:9«Como el Padre me amó, también yo os he amado»Como el Padre ama al Hijo, de la misma manera Jesús ama a su pueblo. ¿Cuál es ese modo divino? Lo amó sin principio, y así Jesús ama a sus miembros. «Con amor eterno te he amado». Puedes rastrear el comienzo del afecto humano; puedes hallar con facilidad el comienzo de tu amor a Cristo, pero su amor hacia nosotros es una corriente cuya fuente está escondida en la eternidad. Dios el Padre ama a Jesús sin mudanza alguna. Cristiano, toma esto para tu consuelo: que no hay mudanza en el amor de Jesucristo hacia los que descansan en él. Ayer estabas en la cumbre del Tabor, y decías: «Él me ama»; hoy estás en el Valle de la Humillación, pero él te ama todavía lo mismo. En el monte de Mizhar, y entre los Hermonitas, oíste su voz, que hablaba tan dulcemente con las notas de la tórtola, notas de amor; y ahora en el mar, o aun dentro del mar, cuando todas sus ondas y sus olas pasan sobre ti, su corazón es fiel a su antigua elección. El Padre ama al Hijo sin fin alguno, y así ama el Hijo a su pueblo. Santo, no tienes por qué temer que se suelte la cadena de plata, porque su amor por ti nunca cesará. Descansa confiado en que Cristo irá contigo aun hasta el sepulcro, y en que, al salir de él otra vez, será tu guía hacia los collados celestiales. Además, el Padre ama al Hijo sin medida alguna, y ese mismo amor sin medida lo otorga el Hijo a sus escogidos. Todo el corazón de Cristo está consagrado a su pueblo. Él «nos amó, y se entregó á sí mismo por nosotros». El suyo es un amor que excede a todo conocimiento. ¡Ah, tenemos en verdad un Salvador inmutable, un Salvador precioso, uno que ama sin medida, sin mudanza, sin principio y sin fin, así como el Padre lo ama a él! Hay aquí mucho alimento para quienes saben digerirlo. ¡Que el Espíritu Santo nos introduzca en su meollo y su grosura!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde