14 de marzo
Mañana
1 Corintios 10:12«el que piensa estar [firme], mire no caiga.»Es un hecho curioso que exista tal cosa como estar orgulloso de la gracia. Un hombre dice: «Tengo gran fe; no caeré. La pobre fe pequeña quizá caiga, pero yo jamás.» «Tengo amor ferviente», dice otro; «puedo tenerme en pie; no hay peligro de que yo me extravíe.» Quien se jacta de la gracia tiene poca gracia de qué jactarse. Algunos que hacen esto imaginan que sus gracias pueden guardarlos, sin saber que el caudal ha de fluir sin cesar desde el manantial, o de lo contrario el arroyo pronto estará seco. Si no llega a la lámpara un chorro continuo de aceite, aunque hoy arda brillante, mañana echará humo, y nocivo será su olor. Cuídate de no gloriarte en tus gracias, sino pon todo tu gloriarte y toda tu confianza en Cristo y en su fuerza, porque solo así puedes ser guardado de caer. Ora mucho más. Pasa más tiempo en santa adoración. Lee las Escrituras con más empeño y con más constancia. Velen sus vidas con más cuidado. Vivan más cerca de Dios. Tomen por modelo los mejores ejemplos. Que su conversación exhale el olor del cielo. Que sus corazones se perfumen de afecto por las almas de los hombres. Vivan de tal modo que los hombres conozcan de ustedes que han estado con Jesús, y que han aprendido de él; y cuando llegue aquel día dichoso en que aquel a quien aman diga: «Sube más arriba», sea la dicha de ustedes oírle decir: «Has peleado la buena batalla, has acabado la carrera, y por lo demás te está guardada la corona de justicia, que no se marchita.» ¡Adelante, cristiano, con cuidado y con cautela! ¡Adelante, con santo temor y temblor! ¡Adelante, con fe y confianza en Jesús solo! Y sea tu petición constante: «Susténtame conforme á tu palabra.» Él puede, y solo él, «guardaros sin caída, y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría».
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Salmos 39:1«Atenderé á mis caminos»Compañero peregrino, no digas en tu corazón: «Iré de aquí para allá, y no pecaré»; porque nunca estás tan fuera del peligro de pecar como para jactarte de seguridad. El camino es muy fangoso; te será difícil escoger la senda de modo que no manches tus vestidos. Este es un mundo de brea; tendrás que vigilar a menudo, si al manejarlo has de conservar limpias las manos. Hay un salteador en cada recodo del camino para robarte las joyas; hay una tentación en cada misericordia; hay un lazo en cada gozo; y si alguna vez llegas al cielo, será un milagro de la gracia divina, que ha de atribuirse por entero al poder de tu Padre. Ponte en guardia. Cuando un hombre lleva una bomba en la mano, debe cuidar de no acercarse a una vela; y tú también debes cuidar de no entrar en tentación. Aun tus acciones comunes son herramientas de filo; has de cuidar cómo las manejas. No hay nada en este mundo que fomente la piedad de un cristiano; antes bien, todo está para destruirla. ¡Cuán solícito debes estar en alzar los ojos a Dios, para que él te guarde! Tu oración ha de ser: «Sostenme, y seré salvo.» Habiendo orado, también debes velar, guardando todo pensamiento, toda palabra y toda acción, con santo celo. No se expongan sin necesidad; pero si son llamados a exponerse, si se les manda ir adonde vuelan los dardos, no salgan jamás a la aventura sin su escudo; porque si una sola vez el diablo los halla sin su broquel, se gozará de que ha llegado su hora de triunfo, y pronto los hará caer heridos por sus saetas. Muertos no pueden ser; heridos, sí pueden serlo. «Sé sobrio; sé vigilante: el peligro puede estar en la hora en que todo te parece lo más seguro.» Por tanto, atiende a tus caminos, y vela en oración. Nadie cayó jamás en error por ser demasiado vigilante. Que el Espíritu Santo nos guíe en todos nuestros caminos; así agradarán siempre al Señor.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde