‹ Devocional

13 de marzo

Mañana

2 Reyes 7:3«¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos?»

Amado lector, este librito fue destinado principalmente a la edificación de los creyentes; pero si tú aún no estás salvo, nuestro corazón suspira por ti, y quisiéramos decir una palabra que te sea de bendición. Abre tu Biblia, y lee la historia de los leprosos, y fíjate en la situación de ellos, que era muy parecida a la tuya. Si permaneces donde estás, has de perecer; si vas a Jesús, a lo sumo morirás. «Nada se arriesga, nada se gana», dice el antiguo proverbio, y en tu caso el riesgo no es grande. Si te quedas sentado en hosca desesperación, nadie podrá compadecerse de ti cuando llegue tu ruina; pero si murieras habiendo buscado misericordia, si tal cosa fuera posible, serías objeto de universal simpatía. Ninguno escapa de entre los que rehúsan mirar a Jesús; pero tú sabes que, en todo caso, algunos son salvos: los que creen en él, pues ciertos conocidos tuyos han recibido misericordia. ¿Por qué, pues, no tú? Los ninivitas dijeron: «¿Quién sabe?» Obra conforme a la misma esperanza, y prueba la misericordia del Señor. Perecer es tan espantoso, que si no hubiera más que una paja de la cual asirse, el instinto de conservación debería llevarte a extender la mano. Así hemos estado hablándote en tu propio terreno de incredulidad; ahora queremos asegurarte, como de parte del Señor, que si le buscas, será hallado de ti. Jesús no echa fuera a ninguno de los que a él vienen. No perecerás si confías en él; al contrario, hallarás un tesoro mucho más rico que el que los pobres leprosos recogieron en el campamento abandonado de Siria. Que el Espíritu Santo te dé ánimo para ir enseguida, y no creerás en vano. Cuando tú mismo estés salvo, publica la buena nueva a otros. No guardes silencio; cuenta primero a la casa del rey, y únete a ellos en comunión; que el portero de la ciudad, el ministro, sea informado de tu hallazgo, y luego proclama la buena nueva en todo lugar. El Señor te salve antes de que el sol se ponga este día.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Génesis 8:9«él extendió su mano, y cogiéndola, hízola entrar consigo en el arca.»

Agotada de sus andanzas, la paloma vuelve por fin al arca como a su único lugar de reposo. ¡Qué pesado es su vuelo! ¡Va a caer! ¡Jamás alcanzará el arca! Pero sigue luchando. Noé ha estado todo el día oteando en busca de su paloma, y está pronto para recibirla. Apenas le quedan fuerzas para llegar al borde del arca; apenas puede posarse en él, y está a punto de caer, cuando Noé extiende su mano y la hace entrar consigo. Fíjate en esto: «hízola entrar consigo». Ella no entró volando por sí misma, sino que estaba demasiado temerosa, o demasiado fatigada, para hacerlo. Voló hasta donde pudo, y entonces él extendió su mano y la hizo entrar consigo. Este acto de misericordia se mostró a la paloma errante, y no se la reprendió por sus andanzas. Tal como estaba, fue hecha entrar en el arca. Así tú, pecador que buscas, con todo tu pecado, serás recibido. «Solo vuélvete»: esas son las dos palabras de gracia de Dios: «solo vuélvete». ¡Qué! ¿Nada más? No: «solo vuélvete». Esta vez no traía rama de olivo en el pico; nada en absoluto, sino ella misma y sus andanzas; pero es «solo vuélvete», y ella vuelve, y Noé la hace entrar. Vuela, tú, errante; vuela, tú, desfalleciente, paloma como eres, aunque te creas negra como el cuervo por el lodo del pecado: atrás, atrás, al Salvador. Cada instante que aguardas no hace sino aumentar tu miseria; tus intentos de arreglarte el plumaje y hacerte apto para Jesús son pura vanidad. Ven a él tal como eres. «Vuélvete, oh rebelde Israel.» No dice: «Vuélvete, oh Israel arrepentido» (sin duda hay tal invitación), sino «tú, rebelde», como rebelde, con todas tus rebeldías encima: ¡Vuélvete, vuélvete, vuélvete! ¡Jesús te espera! Él extenderá su mano y «te hará entrar consigo»: a sí mismo, el verdadero hogar de tu corazón.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde