12 de marzo
Mañana
Mateo 5:43«Amarás á tu prójimo»«Amarás á tu prójimo.» Quizá él se revuelca en riquezas, y tú eres pobre, y vives en tu pequeña choza, pared con pared con su mansión señorial; ves cada día sus heredades, su lino fino y sus banquetes suntuosos. Dios le ha dado estos dones: no codicies su riqueza, ni abrigues pensamientos duros acerca de él. Conténtate con tu propia suerte, si no puedes mejorarla, pero no mires a tu prójimo deseando que él fuera como tú. Ámalo, y entonces no lo envidiarás.
Quizá, por otra parte, tú eres rico, y cerca de ti habitan los pobres. No desdeñes llamarlos prójimo. Reconoce que estás obligado a amarlos. El mundo los llama tus inferiores. ¿En qué son inferiores? Son mucho más tus iguales que tus inferiores, porque Dios «de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra». Es tu vestido el que es mejor que el de ellos, pero tú de ningún modo eres mejor que ellos. Ellos son hombres, ¿y qué eres tú más que eso? Cuida de amar a tu prójimo aunque esté en harapos, o hundido en lo hondo de la pobreza.
Pero quizá dices: «No puedo amar a mis prójimos, porque, por todo lo que hago, me devuelven ingratitud y desprecio.» Tanto mayor lugar hay para el heroísmo del amor. ¿Querrías ser un guerrero de lecho de plumas, en vez de sobrellevar el áspero combate del amor? Quien más se atreve, más ganará; y si áspero es tu camino de amor, písalo con denuedo, amando todavía a tus prójimos en las duras y en las maduras. Amontona ascuas de fuego sobre sus cabezas, y si son difíciles de contentar, no busques contentarlos a ellos, sino contentar a tu Maestro; y recuerda: si ellos desdeñan tu amor, tu Maestro no lo ha desdeñado, y tu obra le es tan aceptable como si les hubiera sido aceptable a ellos. Ama a tu prójimo, porque al hacerlo sigues las pisadas de Cristo.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
1 Samuel 30:13«¿De quién eres tú?»En la religión no pueden existir neutralidades. O estamos alistados bajo el estandarte del Príncipe Emanuel, para servir y pelear sus batallas, o somos vasallos del príncipe negro, Satanás. «¿De quién eres tú?»
Lector, permíteme ayudarte en tu respuesta. ¿Has «nacido otra vez»? Si es así, perteneces a Cristo; pero sin el nuevo nacimiento no puedes ser suyo. ¿En quién confías? Porque los que creen en Jesús son hijos de Dios. ¿La obra de quién estás haciendo? De cierto sirves a tu amo, porque aquel a quien sirves queda así reconocido como tu señor. ¿Qué compañía frecuentas? Si perteneces a Jesús, te hermanarás con quienes llevan la librea de la cruz. «Las aves del mismo plumaje andan juntas.» ¿Cuál es tu conversación? ¿Es celestial, o es terrenal? ¿Qué has aprendido de tu Maestro? Porque los siervos aprenden mucho de los amos a quienes están puestos de aprendices. Si has cumplido tu tiempo de aprendizaje con Jesús, se dirá de ti, como se dijo de Pedro y de Juan: «les conocían que habían estado con Jesús.»
Insistimos en la pregunta: «¿De quién eres tú?» Responde con honestidad antes de dar sueño a tus ojos. Si no eres de Cristo, estás en un servicio duro: ¡huye de tu amo cruel! Entra al servicio del Señor del Amor, y gozarás una vida de bienaventuranza. Si eres de Cristo, permíteme aconsejarte que hagas cuatro cosas. Perteneces a Jesús: obedécelo; sea su palabra tu ley; sea su deseo tu voluntad. Perteneces al Amado: ámalo, pues; que tu corazón lo abrace; que toda tu alma se llene de él. Perteneces al Hijo de Dios: confía, pues, en él; no descanses en parte alguna, sino en él. Perteneces al Rey de reyes: decídete, pues, por él. Así, sin que te marquen en la frente, todos sabrán a quién perteneces.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde