10 de marzo
Mañana
Salmos 30:6«Y dije yo en mi prosperidad: no seré jamás conmovido»«Moab… sobre sus heces ha estado él reposado, y no fué trasegado de vaso en vaso.» Dale a un hombre riquezas; deja que sus naves traigan sin cesar ricos cargamentos; deja que los vientos y las olas parezcan sus siervos, para llevar sus barcos por el seno del mar inmenso; deja que sus tierras rindan con abundancia; deja que el tiempo sea propicio a sus cosechas; deja que lo acompañe un éxito que no se interrumpe; deja que se destaque entre los hombres como mercader próspero; deja que goce de salud continua; permítele, con el nervio templado y el ojo brillante, marchar por el mundo y vivir dichoso; dale el espíritu animoso; deja que tenga el cántico de continuo en los labios; deja que su ojo centellee siempre de gozo: y la consecuencia natural de un estado tan fácil, para cualquier hombre, aunque sea el mejor cristiano que jamás haya respirado, será la presunción. Aun David dijo: «no seré jamás conmovido»; y nosotros no somos mejores que David, ni la mitad de buenos. Hermano, cuídate de los lugares llanos del camino; si los estás hollando, o si el camino es áspero, da gracias a Dios por ello. Si Dios hubiera de mecernos siempre en la cuna de la prosperidad; si la fortuna nos tuviera siempre, como a niños, sobre sus rodillas; si no tuviéramos alguna mancha en la columna de alabastro; si no hubiera unas pocas nubes en el cielo; si no tuviéramos algunas gotas amargas en el vino de esta vida, nos embriagaríamos de placer, soñaríamos que «estamos firmes»; y firmes estaríamos, pero sería sobre un pináculo; como el hombre dormido sobre el mastelero, a cada momento estaríamos en peligro.
Bendecimos, pues, a Dios por nuestras aflicciones; le damos gracias por nuestros cambios; exaltamos su nombre por las pérdidas de bienes; porque sentimos que, si no nos hubiera castigado así, podríamos habernos vuelto demasiado seguros. La prosperidad mundana continuada es una prueba de fuego.
Aunque parezcan severas las aflicciones, por misericordia a menudo son enviadas.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Job 14:1«El HOMBRE nacido de mujer, corto de días, y harto de sinsabores»Puede sernos de gran provecho, antes de dormirnos, recordar este hecho doloroso, porque puede movernos a soltar las cosas terrenales. No hay nada muy agradable en recordar que no estamos por encima de los dardos de la adversidad, pero puede humillarnos e impedir que nos jactemos como el salmista en la porción de esta mañana: «Mi monte está firme: no seré jamás conmovido.» Puede detenernos para que no echemos raíz demasiado honda en este suelo, del cual tan pronto hemos de ser trasplantados al huerto celestial. Recordemos lo frágil de la tenencia con que poseemos nuestras misericordias temporales. Si recordáramos que todos los árboles de la tierra están marcados para el hacha del leñador, no estaríamos tan prontos a hacer en ellos nuestros nidos. Hemos de amar, pero hemos de amar con el amor que espera la muerte y que cuenta con las separaciones. Nuestros queridos parientes no nos son más que un préstamo, y la hora en que hemos de devolverlos a la mano de quien los prestó puede estar ya a la puerta. Lo mismo es, con certeza, verdad de nuestros bienes mundanos. ¿No se hacen las riquezas alas, y vuelan? Nuestra salud es igualmente precaria. Flores frágiles del campo, no hemos de contar con florecer para siempre. Hay un tiempo señalado para la flaqueza y la enfermedad, cuando habremos de glorificar a Dios padeciendo, y no con actividad fervorosa. No hay un solo punto en el cual podamos esperar escapar de las saetas agudas de la aflicción; de nuestros pocos días no hay uno seguro del dolor. La vida del hombre es un tonel lleno de vino amargo; quien busque gozo en ella, más le valdría buscar miel en un océano de salmuera. Amado lector, no pongas el afecto en las cosas de la tierra, sino busca las cosas de arriba, porque aquí la polilla devora y el ladrón mina, pero allí todos los goces son perpetuos y eternos. La senda de la aflicción es el camino a casa. ¡Señor, haz de este pensamiento una almohada para más de una cabeza cansada!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde