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4 de marzo

Mañana

2 Corintios 12:9«Bástate mi gracia»

Si ninguno de los santos de Dios fuera pobre y probado, no conoceríamos ni la mitad tan bien los consuelos de la gracia divina. Cuando hallamos al errante que no tiene donde recostar la cabeza, y que con todo puede decir: «Aun así confiaré en el Señor»; cuando vemos al indigente que pasa hambre a pan y agua, y que todavía se gloría en Jesús; cuando vemos a la viuda, privada de los suyos, abrumada en la aflicción, y que sin embargo tiene fe en Cristo: ¡oh, qué honra refleja esto sobre el evangelio! La gracia de Dios se ilustra y se magnifica en la pobreza y las pruebas de los creyentes. Los santos se sostienen bajo todo desaliento, creyendo que todas las cosas les ayudan a bien, y que de los males aparentes brotará al fin una bendición verdadera: que su Dios o les obrará pronto una liberación, o con toda certeza los sostendrá en la tribulación, mientras le plazca mantenerlos en ella. Esta paciencia de los santos prueba el poder de la gracia divina. Hay un faro mar adentro: es una noche en calma; no puedo decir si el edificio es firme. La tempestad ha de rugir en torno de él, y entonces sabré si quedará en pie. Así con la obra del Espíritu: si no estuviera en muchas ocasiones rodeada de aguas tempestuosas, no sabríamos que es verdadera y fuerte; si los vientos no soplaran sobre ella, no sabríamos cuán firme y segura es. Las obras maestras de Dios son aquellos hombres que permanecen en medio de las dificultades, firmes, inconmovibles:

Serenos en medio del grito que desconcierta, confiados de la victoria.

El que quiera glorificar a su Dios ha de contar de antemano con topar con muchas pruebas. Nadie puede ser ilustre delante del Señor a menos que sus conflictos sean muchos. Si, pues, el tuyo es un camino de muchas pruebas, gózate en él, porque así mostrarás mejor la gracia toda suficiente de Dios. En cuanto a que él te falte, ni lo sueñes: aborrece ese pensamiento. Al Dios que ha sido suficiente hasta ahora se le ha de confiar hasta el fin.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Salmos 36:8«Embriagarse han de la grosura de tu casa»

La reina de Sabá quedó pasmada ante la suntuosidad de la mesa de Salomón. Se quedó sin ánimo cuando vio la provisión de un solo día, y se maravilló por igual de la compañía de siervos que eran festejados a la mesa real. Pero ¿qué es esto junto a las hospitalidades del Dios de la gracia? Diez mil millares de los suyos son alimentados cada día; hambrientos y sedientos, traen consigo al banquete grandes apetitos, pero ni uno de ellos vuelve sin quedar saciado. Hay bastante para cada uno, bastante para todos, bastante para siempre. Aunque la muchedumbre que come a la mesa de Jehová es innumerable como las estrellas del cielo, cada uno tiene su porción de vianda. Piensa cuánta gracia requiere un solo santo: tanta, que nada sino el Infinito podría abastecerlo por un solo día; y sin embargo el Señor tiende su mesa, no para uno, sino para muchos santos; no por un día, sino por muchos años; no solo por muchos años, sino de generación en generación. Observa la hartura plena de que habla el texto: los convidados al banquete de la misericordia quedan saciados; más aún, «embriagarse han»; y eso no con vianda ordinaria, sino con la grosura, la grosura peculiar de la casa misma de Dios; y tal banquete está asegurado por una promesa fiel a todos aquellos hijos de los hombres que ponen su confianza bajo la sombra de las alas de Jehová. Una vez pensé que, si tan solo pudiera alcanzar las sobras a la puerta trasera de la gracia de Dios, quedaría satisfecho, como la mujer que dijo: «los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores»; pero a ningún hijo de Dios se le sirve jamás con restos y sobras. Como Mephi-boseth, todos comen de la mesa misma del rey. En las cosas de la gracia, todos tenemos la porción de Benjamín: todos tenemos diez veces más de lo que habríamos podido esperar; y aunque nuestras necesidades son grandes, con todo, muchas veces nos asombramos de la abundancia maravillosa de gracia que Dios nos da para gozarla por experiencia.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde