‹ Devocional

3 de marzo

Mañana

Isaías 48:10«hete escogido en horno de aflicción.»

Consuélate, creyente probado, con este pensamiento: Dios dice: «hete escogido en horno de aflicción». ¿No viene la palabra como una lluvia suave, que apacigua el furor de la llama? Sí, ¿no es una armadura de asbesto, contra la cual el calor no tiene poder? Que venga la aflicción: Dios me ha escogido. Pobreza, puedes entrar a zancadas por mi puerta, pero Dios ya está en la casa, y él me ha escogido. Enfermedad, puedes entrometerte, pero tengo un bálsamo preparado: Dios me ha escogido. Sea lo que sea lo que me acontezca en este valle de lágrimas, sé que él me ha «escogido». Si, creyente, aún necesitas mayor consuelo, recuerda que tienes al Hijo del hombre contigo en el horno. En esa cámara silenciosa tuya está sentado a tu lado Uno a quien no has visto, pero a quien amas; y muchas veces, cuando tú no lo sabes, él te acomoda toda la cama en tu aflicción y te alisa la almohada. Estás en pobreza; pero en esa hermosa casa tuya el Señor de la vida y de la gloria es visitante frecuente. Le gusta venir a estos lugares desolados, para visitarte. Tu amigo se te arrima muy de cerca. No puedes verlo, pero puedes sentir la presión de sus manos. ¿No oyes su voz? Aun en el valle de sombra de muerte dice: «No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios». Acuérdate de aquel noble dicho de César: «No temas: llevas a César y toda su fortuna». No temas, cristiano: Jesús está contigo. En todas tus pruebas de fuego, su presencia es a la vez tu consuelo y tu seguridad. Nunca dejará a aquel a quien ha escogido para sí. «No temas, que yo soy contigo» es su palabra segura de promesa a sus escogidos en el «horno de aflicción». ¿No te asirás, pues, firmemente de Cristo, y dirás?

Por aguas y por llamas, si Jesús guía, yo seguiré por donde él va.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Mateo 3:16«vió al Espíritu de Dios que descendía como paloma»

Como el Espíritu de Dios descendió sobre el Señor Jesús, la cabeza, así también, en medida, desciende sobre los miembros del cuerpo místico. Su descenso es para nosotros del mismo modo en que cayó sobre nuestro Señor. Hay a menudo en él una rapidez singular: antes de que nos demos cuenta, somos impelidos hacia adelante y hacia el cielo, más allá de toda expectativa. Con todo, no hay en ello nada de la prisa de la precipitación terrenal, porque las alas de la paloma son tan suaves como veloces. La quietud parece esencial para muchas operaciones espirituales; el Señor está en el silbo apacible y delicado, y, como el rocío, su gracia se destila en silencio. La paloma ha sido siempre el tipo escogido de la pureza, y el Espíritu Santo es la santidad misma. Donde él viene, se hace abundar todo lo puro, lo amable y lo de buen nombre, y el pecado y la inmundicia se retiran. También reina la paz donde la Paloma Santa viene con poder; ella trae el ramo de olivo, que muestra que las aguas de la ira divina se han aplacado. La dulzura es resultado seguro del poder transformador de la Paloma Sagrada: los corazones tocados por su influencia benigna son mansos y humildes desde entonces y para siempre. El no hacer daño sigue, como cosa natural; las águilas y los cuervos pueden cazar su presa: la tórtola puede sufrir el agravio, pero no puede infligirlo. Hemos de ser inofensivos como palomas. La paloma es imagen cabal del amor; la voz de la tórtola está llena de afecto; y así, el alma visitada por el Espíritu bendito abunda en amor a Dios, en amor a los hermanos y en amor a los pecadores; y, sobre todo, en amor a Jesús. El cernerse del Espíritu de Dios sobre la haz del abismo produjo primero orden y vida, y en nuestros corazones él causa y fomenta nueva vida y luz. Espíritu bendito, como reposaste sobre nuestro amado Redentor, reposa así sobre nosotros desde ahora en adelante y para siempre.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde