28 de febrero
Mañana
Salmos 62:5«de él es mi esperanza»Es privilegio del creyente usar este lenguaje. Si busca alguna cosa del mundo, es en verdad una pobre «esperanza». Pero si mira a Dios para la provisión de sus necesidades, ya sean bendiciones temporales o espirituales, su «esperanza» no será vana. De continuo puede sacar del banco de la fe, y ver suplida su necesidad con las riquezas de la misericordia de Dios. Esto sé: más querría tener a Dios por banquero que a todos los Rothschild. Mi Señor jamás deja de honrar sus promesas; y cuando las presentamos ante su trono, nunca las devuelve sin respuesta. Por eso esperaré solamente a su puerta, pues él siempre la abre con la mano de una gracia dadivosa. En esta hora lo probaré de nuevo. Pero tenemos «esperanzas» más allá de esta vida. Pronto moriremos; y entonces «de él es mi esperanza». ¿No esperamos que, cuando yazcamos en el lecho de la enfermedad, él envíe ángeles que nos lleven a su seno? Creemos que, cuando el pulso esté débil y el corazón lata con pesadez, algún mensajero angélico se pondrá en pie, nos mirará con ojos de amor y susurrará: «¡Hermana espíritu, ven acá!» Al acercarnos a la puerta celestial, esperamos oír la invitación de bienvenida: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo». Aguardamos arpas de oro y coronas de gloria; abrigamos la esperanza de estar pronto entre la multitud de los resplandecientes delante del trono; miramos hacia adelante y anhelamos el tiempo en que seremos semejantes a nuestro glorioso Señor, porque «le veremos como él es». Entonces, si estas son tus «esperanzas», oh alma mía, vive para Dios; vive con el deseo y el propósito de glorificar a aquel de quien viene toda tu provisión, y por cuya gracia, en tu elección, redención y llamamiento, es que tienes alguna «esperanza» de la gloria venidera.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
1 Reyes 17:16«Y la tinaja de la harina no escaseó, ni menguó la botija del aceite, conforme á la palabra de Jehová que había dicho por Elías.»Mira la fidelidad del amor divino. Observas que esta mujer tenía necesidades cada día. Tenía que alimentarse a sí misma y a su hijo en tiempo de hambre; y ahora, además, había de ser alimentado también el profeta Elías. Pero aunque la necesidad era triple, la provisión de harina no escaseó, porque tenía una provisión constante. Cada día echaba mano de la tinaja; pero, con todo, cada día la tinaja seguía igual. Tú, querido lector, tienes necesidades diarias, y, porque vienen con tanta frecuencia, eres propenso a temer que la tinaja de la harina un día esté vacía, y que la botija del aceite te falte. Ten por seguro que, conforme a la Palabra de Dios, no será así. Cada día, aunque traiga su aflicción, traerá su socorro; y aunque vivieras hasta superar los años de Matusalén, y aunque tus necesidades fueran tantas como las arenas de la orilla del mar, con todo la gracia y la misericordia de Dios perdurarán a lo largo de todas tus necesidades, y nunca conocerás una falta real. Durante tres largos años, en los días de esta viuda, los cielos no vieron nube alguna, y las estrellas nunca lloraron una santa lágrima de rocío sobre la tierra malvada: el hambre, la desolación y la muerte hicieron de la tierra un desierto de aullidos, pero esta mujer nunca tuvo hambre, sino que siempre estuvo gozosa en la abundancia. Así será contigo. Verás perecer la esperanza del pecador, porque confía en su fuerza natural; verás tambalearse la confianza del fariseo soberbio, porque edifica su esperanza sobre la arena; verás aun tus propios planes malogrados y marchitos, pero tú mismo hallarás que tu lugar de defensa serán las fortalezas de rocas: «Se te dará tu pan, y tus aguas serán ciertas.» Más vale tener a Dios por guardián que al Banco de Inglaterra por posesión. Podrías gastar las riquezas de las Indias, pero las riquezas infinitas de Dios nunca podrás agotarlas.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde