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27 de febrero

Mañana

Salmos 91:9«tú has puesto á Jehová, [que es] mi esperanza, al Altísimo por tu habitación»

Los israelitas en el desierto estaban continuamente expuestos al cambio. Siempre que la columna detenía su marcha, se plantaban las tiendas; pero al día siguiente, antes de que hubiera salido el sol de la mañana, sonaba la trompeta, el arca se ponía en movimiento, y la columna de fuego y de nube iba abriendo el camino por los desfiladeros estrechos del monte, por la ladera, o a lo largo del yermo árido del desierto. Apenas tenían tiempo de reposar un poco cuando oían el clamor: «¡En marcha! Este no es el reposo de ustedes; aún han de seguir peregrinando hacia Canaán.» Nunca estaban mucho tiempo en un mismo lugar. Ni siquiera los pozos y las palmeras podían detenerlos. Con todo, tenían un hogar permanente en su Dios: su columna de nube era la cumbrera, y su llama de noche, el fuego del hogar. Habían de seguir de lugar en lugar, cambiando de continuo, sin tener nunca tiempo de asentarse y decir: «Ahora estamos seguros; en este lugar habitaremos.» «Con todo», dice Moisés, «aunque siempre estamos cambiando, SEÑOR, tú nos has sido refugio en generación y en generación.» El cristiano no conoce mudanza respecto de Dios. Puede ser rico hoy y pobre mañana; puede estar enfermizo hoy y sano mañana; puede estar en dicha hoy, y mañana en angustia; pero no hay mudanza respecto de su relación con Dios. Si ayer me amó, hoy me ama. Mi mansión inmóvil de reposo es mi bendito Señor. Que se arruinen las perspectivas; que se frustren las esperanzas; que se marchite el gozo; que el añublo lo destruya todo: nada he perdido de lo que tengo en Dios. Él es «mi peña de estancia, adonde pueda recurrir continuamente». Soy peregrino en el mundo, pero estoy en casa en mi Dios. En la tierra ando errante, pero en Dios habito en una habitación quieta.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Miqueas 5:2«sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo»

El Señor Jesús tuvo salidas por su pueblo, como representante de ellos ante el trono, mucho antes de que aparecieran en el escenario del tiempo. Fue «desde los días del siglo» cuando firmó el pacto con su Padre, de que pagaría sangre por sangre, sufrimiento por sufrimiento, agonía por agonía, y muerte por muerte, en favor de su pueblo; fue «desde los días del siglo» cuando se entregó sin una palabra de murmuración. Para que desde la coronilla de su cabeza hasta la planta de su pie sudara grandes gotas de sangre; para que fuera escupido, traspasado, escarnecido, desgarrado y aplastado bajo los dolores de la muerte. Sus salidas como nuestro Fiador fueron desde la eternidad. ¡Detente, alma mía, y maravíllate! Tú tienes salidas en la persona de Jesús «desde los días del siglo». No solo cuando naciste al mundo te amó Cristo, sino que sus delicias estaban con los hijos de los hombres antes de que hubiera hijos de los hombres. Muchas veces pensaba en ellos; desde la eternidad hasta la eternidad había puesto su afecto sobre ellos. ¡Qué!, alma mía, ¿tanto tiempo ha empleado en tu salvación, y no la llevará a cabo? ¿Ha estado saliendo desde la eternidad para salvarme, y habrá de perderme ahora? ¡Qué! ¿Me ha llevado en su mano, como su joya preciosa, y ahora dejará que me escurra de entre sus dedos? ¿Me escogió antes de que los montes fueran formados, o de que se cavaran los cauces del abismo, y habrá de desecharme ahora? ¡Imposible! Estoy seguro de que no me habría amado tanto tiempo si no fuera un Amante inmutable. Si pudiera cansarse de mí, se habría cansado de mí mucho antes de ahora. Si no me hubiera amado con un amor tan profundo como el infierno, y tan fuerte como la muerte, se habría apartado de mí hace mucho. ¡Oh, gozo sobre todos los gozos, saber que soy su herencia eterna e inalienable, dada a él por su Padre aun antes de que la tierra existiera! El amor eterno será la almohada de mi cabeza esta noche.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde