15 de febrero
Mañana
2 Pedro 3:18«A él [sea] gloria ahora y hasta el día de la eternidad.»El cielo estará lleno de las alabanzas incesantes de Jesús. ¡Eternidad! tus años sin número apresurarán su curso sempiterno, pero por siempre y para siempre, «A él [sea] gloria». ¿No es «sacerdote para siempre según el orden de Melchîsedech»? «A él [sea] gloria». ¿No es rey para siempre? ¿Rey de reyes y Señor de señores, el Padre eterno? «A él sea gloria para siempre.» Nunca cesarán sus alabanzas. Lo que fue comprado con sangre merece durar mientras perdure la inmortalidad. La gloria de la cruz nunca ha de eclipsarse; el resplandor del sepulcro y de la resurrección nunca ha de oscurecerse. ¡Oh Jesús! tú serás alabado para siempre. Mientras vivan los espíritus inmortales —mientras perdure el trono del Padre—, por siempre, para siempre, a ti será la gloria. Creyente, estás anticipando el tiempo en que te unirás a los santos de arriba para atribuir toda la gloria a Jesús; pero ¿lo estás glorificando ahora? Las palabras del apóstol son: «A él [sea] gloria ahora y hasta el día de la eternidad.» ¿No harás de esto tu oración en este día? «Señor, ayúdame a glorificarte; soy pobre; ayúdame a glorificarte con el contentamiento; estoy enfermo; ayúdame a darte honra con la paciencia; tengo talentos; ayúdame a ensalzarte empleándolos para ti; tengo tiempo; Señor, ayúdame a redimirlo, para servirte; tengo un corazón para sentir; Señor, haz que ese corazón no sienta otro amor que el tuyo, y no arda con otra llama que el afecto hacia ti; tengo una cabeza para pensar; Señor, ayúdame a pensar en ti y para ti; me has puesto en este mundo para algo; Señor, muéstrame qué es, y ayúdame a cumplir el propósito de mi vida: no puedo hacer mucho; pero, como la viuda echó sus dos blancas, que eran todo su sustento, así, Señor, echo mi tiempo y también mi eternidad en tu tesoro; todo yo soy tuyo; tómame, y hazme capaz de glorificarte ahora, en todo lo que digo, en todo lo que hago y con todo lo que tengo.»
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Salmos 45:8«te han recreado»¿Y quiénes son así privilegiados para alegrar al Salvador? [N. del T.: la RV1909 cierra el versículo con «te han recreado»; Spurgeon lee «con lo cual te han alegrado».] Su iglesia, su pueblo. Pero ¿es posible? Él nos alegra, pero ¿cómo podemos nosotros alegrarlo a él? Por nuestro amor. ¡Ah! lo creemos tan frío, tan débil; y así, en verdad, hemos de confesar con tristeza que lo es; pero es muy dulce para Cristo. Oye su propio elogio de ese amor en el áureo Cantar: «¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa [mía]! ¡cuánto mejores que el vino tus amores». Mira, corazón amante, cómo se deleita en ti. Cuando reclinas la cabeza sobre su pecho, no solo recibes, sino que le das gozo; cuando contemplas con amor su rostro todo glorioso, no solo obtienes consuelo, sino que le comunicas deleite. Nuestra alabanza también le da gozo: no el cántico de los labios solamente, sino la melodía de la gratitud profunda del corazón. Nuestros dones también le son muy agradables; le encanta vernos poner nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros bienes sobre el altar, no por el valor de lo que damos, sino por el motivo del cual brota el don. Para él, las ofrendas humildes de sus santos son más aceptables que los millares de oro y de plata. La santidad es para él como incienso y mirra. Perdona a tu enemigo, y alegras a Cristo; reparte de tus bienes a los pobres, y él se regocija; sé el medio de salvar almas, y le das a ver el fruto del trabajo de su alma; proclama su evangelio, y eres para él olor suave; ve entre los ignorantes y levanta la cruz, y le has dado honra. Está en tu poder, aun ahora, romper el vaso de alabastro y derramar el óleo precioso del gozo sobre su cabeza, como hizo la mujer de otro tiempo, cuyo memorial se proclama hasta hoy dondequiera que se predica el evangelio. ¿Te quedarás, pues, atrás? ¿No perfumarás a tu amado Señor con la mirra, el áloe y la casia de la alabanza de tu corazón? ¡Sí, palacios de marfil, ustedes oirán los cánticos de los santos!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde