11 de febrero
Mañana
Hechos 4:13«les conocían que habían estado con Jesús»El cristiano debe ser una semejanza sorprendente de Jesucristo. Has leído vidas de Cristo, escritas con belleza y elocuencia, pero la mejor vida de Cristo es su biografía viviente, escrita en las palabras y las acciones de su pueblo. Si fuéramos lo que profesamos ser, y lo que debiéramos ser, seríamos retratos de Cristo; sí, semejanzas tan sorprendentes de él, que el mundo no tendría que tenernos en alto hora tras hora y decir: «Bueno, parece que hay cierto parecido»; sino que, apenas nos vieran, exclamarían: «Ha estado con Jesús; ha sido enseñado por él; es como él; ha captado la idea misma del santo Varón de Nazaret, y la pone por obra en su vida y en sus acciones de cada día». El cristiano debe ser como Cristo en su osadía. Nunca te sonrojes de confesar tu religión; tu profesión jamás te deshonrará: cuida de nunca deshonrar a ella. Sé como Jesús, muy valiente por tu Dios. Imítalo en tu espíritu amoroso; piensa con bondad, habla con bondad y obra con bondad, para que los hombres digan de ti: «Ha estado con Jesús». Imita a Jesús en su santidad. ¿Fue celoso por su Amo? Sé tú también así; anda siempre haciendo el bien. No dejes que el tiempo se desperdicie: es demasiado precioso. ¿Fue abnegado, sin mirar jamás a su propio interés? Sé tú lo mismo. ¿Fue devoto? Sé tú ferviente en tus oraciones. ¿Tuvo deferencia a la voluntad de su Padre? Sométete, pues, a él. ¿Fue paciente? Aprende, pues, a soportar. Y, lo mejor de todo, como el más alto retrato de Jesús, procura perdonar a tus enemigos, como él lo hizo; y que aquellas palabras sublimes de tu Maestro, «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», resuenen siempre en tus oídos. Perdona, como esperas ser perdonado. Amontona ascuas de fuego sobre la cabeza de tu enemigo mediante tu bondad hacia él. El bien por el mal, recuerda, es propio de Dios. Sé, pues, semejante a Dios; y de todas maneras y por todos los medios, vive de tal modo que todos puedan decir de ti: «Ha estado con Jesús».
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Apocalipsis 2:4«has dejado tu primer amor»Siempre ha de recordarse aquella hora, la mejor y la más resplandeciente, cuando por primera vez vimos al Señor, perdimos nuestra carga, recibimos el rollo de la promesa, nos regocijamos en la plena salvación y seguimos nuestro camino en paz. Era primavera en el alma; el invierno había pasado; los murmullos de los truenos del Sinaí se habían acallado; ya no se percibían los destellos de sus relámpagos; a Dios se le veía reconciliado; la ley no amenazaba venganza, la justicia no exigía castigo. Entonces aparecieron las flores en nuestro corazón; la esperanza, el amor, la paz y la paciencia brotaron del suelo; el jacinto del arrepentimiento, la campanilla de las nieves de la pura santidad, el azafrán de la fe dorada, el narciso del amor temprano, todos adornaban el jardín del alma. Había llegado el tiempo del canto de las aves, y nos regocijábamos con acción de gracias; magnificábamos el santo nombre de nuestro Dios perdonador, y nuestro propósito fue: «Señor, tuyo soy, enteramente tuyo; todo lo que soy, y todo lo que tengo, quiero consagrártelo. Me has comprado con tu sangre: déjame gastarme y ser gastado en tu servicio. En la vida y en la muerte, sea yo consagrado a ti». ¿Cómo hemos guardado este propósito? Nuestro amor de desposorio ardía con una llama santa de devoción a Jesús: ¿es el mismo ahora? ¿No podría Jesús decirnos con razón: «tengo contra ti que has dejado tu primer amor»? ¡Ay! poco es lo que hemos hecho para la gloria de nuestro Amo. Nuestro invierno ha durado ya demasiado. Estamos fríos como el hielo cuando debiéramos sentir el ardor del verano y florecer con flores sagradas. Damos a Dios peniques cuando él merece libras; es más, merece que la sangre de nuestro corazón se acuñe al servicio de su iglesia y de su verdad. Pero ¿seguiremos así? Oh Señor, después que tan ricamente nos has bendecido, ¿seremos ingratos y nos volveremos indiferentes a tu buena causa y a tu obra? ¡Vivifícanos, para que volvamos a nuestro primer amor y hagamos nuestras primeras obras! Envíanos una primavera benigna, oh Sol de justicia.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde