4 de febrero
Mañana
Oseas 3:1«el amor de Jehová»Creyente, mira atrás por toda tu experiencia, y piensa en el camino por el cual el Señor tu Dios te ha conducido en el desierto, y cómo te ha alimentado y vestido cada día; cómo ha soportado tus malos modos; cómo ha aguantado todas tus murmuraciones y todos tus anhelos de las ollas de carne de Egipto; cómo ha abierto la peña para abastecerte, y te ha alimentado con el maná que descendió del cielo. Piensa en cómo su gracia te ha bastado en todas tus aflicciones; cómo su sangre ha sido un perdón para ti en todos tus pecados; cómo su vara y su cayado te han consolado. Cuando así hayas mirado atrás al «amor de Jehová», deja entonces que la fe contemple su amor en el porvenir, porque recuerda que el pacto de Cristo y su sangre tienen en sí algo más que el pasado. Quien te ha amado y te ha perdonado jamás cesará de amar y de perdonar. Él es el Alfa, y será también la Omega: es el primero, y será el último. Por tanto, considera: cuando pases por el valle de sombra de muerte, no has de temer mal alguno, porque él está contigo. Cuando estés en las frías corrientes del Jordán, no has de temer, porque la muerte no puede separarte de su amor; y cuando entres en los misterios de la eternidad, no has de temblar: «Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.» Ahora, alma, ¿no está refrescado tu amor? ¿No te hace esto amar a Jesús? ¿No inflama tu corazón un vuelo por las llanuras ilimitadas del éter del amor, y te constriñe a deleitarte en el Señor tu Dios? Ciertamente, al meditar en «el amor de Jehová», nuestros corazones arden dentro de nosotros, y anhelamos amarlo más.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Josué 20:3«acogimiento del cercano del muerto»Se dice que en la tierra de Canaán las ciudades de refugio estaban dispuestas de tal modo que cualquier hombre podía alcanzar una de ellas en medio día, a lo sumo. Así también la palabra de nuestra salvación está cerca de nosotros; Jesús es un Salvador presente, y el camino hasta él es corto: no es sino una sencilla renuncia de nuestro propio mérito, y un echar mano de Jesús para que sea nuestro todo en todo. En cuanto a los caminos hacia la ciudad de refugio, se nos dice que se conservaban con todo rigor: todo río estaba puenteado y todo obstáculo quitado, de modo que el hombre que huía hallara paso fácil hasta la ciudad. Una vez al año los ancianos recorrían los caminos y velaban por su buen orden, para que nada estorbara la huida de nadie y lo hiciera, por la demora, ser alcanzado y muerto. ¡Con qué gracia quitan las promesas del evangelio las piedras de tropiezo del camino! Dondequiera que había desvíos y recodos, se fijaban postes indicadores, con esta inscripción: «¡A la ciudad de refugio!». Esto es un cuadro del camino hacia Cristo Jesús. No es un camino de rodeo, el de la ley; no es obedecer esto, aquello y lo otro; es un camino recto: «Cree, y vive». Es un camino tan duro, que ningún hombre justo en sí mismo puede jamás hollarlo, pero tan fácil, que todo pecador que se conoce pecador puede por él hallar su camino al cielo. Apenas el homicida alcanzaba las obras exteriores de la ciudad, ya estaba a salvo; no le era necesario pasar muy adentro de los muros, pues los arrabales mismos bastaban como protección. Aprende de aquí que, si tan solo tocas el borde del manto de Cristo, serás sanado; si tan solo echas mano de él con «fe como un grano de mostaza», estás a salvo.
Un poco de gracia genuina asegura la muerte de todos nuestros pecados.
Tan solo no pierdas tiempo; no te detengas en el camino, porque el vengador de la sangre [N. del T.: la RV1909 dice «acogimiento del cercano del muerto»; Spurgeon entiende «refugio contra el vengador de la sangre».] es ligero de pies, y puede que te pise los talones en esta hora quieta del anochecer.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde