Reina Valera Gómez · Antiguo Testamento
Cantares 6
1¿Adónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Adónde se apartó tu amado, y lo buscaremos contigo? 2Mi amado descendió a su huerto, a las eras de los aromas para apacentar en los huertos, y para recoger los lirios. 3Yo [soy] de mi amado, y mi amado [es] mío: Él apacienta entre los lirios. 4Hermosa [eres] tú, oh amada mía, como Tirsa; de desear, como Jerusalén; Imponente como [un ejército] con [sus] banderas. 5Aparta tus ojos de delante de mí, porque ellos me vencieron. Tu cabello [es] como rebaño de cabras, que se muestran de Galaad. 6Tus dientes, como rebaño de ovejas que suben del lavadero, todas con crías mellizas, y estéril no [hay] entre ellas. 7Como cachos de granada [son] tus mejillas entre tus guedejas. 8Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, y las doncellas sin número. 9Mas una es la paloma mía, la perfecta mía; [Es] la [única] de su madre, la preferida de la que la engendró. La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada; las reinas y las concubinas, y la alabaron. 10¿Quién [es] esta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos con [sus] banderas? 11Al huerto de los nogales descendí, para ver los frutos del valle, y para ver si brotaban las vides, si florecían los granados. 12Antes que lo supiera; mi alma me puso [como] los carros de Aminadab. 13Vuelve, vuelve, oh sulamita; vuelve, vuelve, para poder mirarte. ¿Qué veréis en la sulamita? Algo como la reunión de dos campamentos.
Reina Valera Gómez. © 2004, 2010, 2023 Dr. Humberto Gómez Caballero. Distribución gratuita permitida sin cambiar el texto. Fuente.
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