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30 de diciembre

Mañana

Eclesiastés 7:8«Mejor es el fin del negocio que su principio»

Mira al Señor y Amo de David; ve su principio. Fue despreciado y desechado entre los hombres; varón de dolores, experimentado en quebranto. ¿Quieres ver el fin? Se sienta a la diestra de su Padre, esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. «Como él es, así somos nosotros en este mundo.» Has de llevar la cruz, o nunca llevarás la corona; has de vadear el lodo, o nunca caminarás por el pavimento de oro. Cobra ánimo, pues, pobre cristiano. «Mejor es el fin del negocio que su principio.» Mira ese gusano que se arrastra, ¡cuán despreciable su aspecto! Es el principio de una cosa. Observa ese insecto de alas espléndidas, que juega en los rayos del sol, que liba en las campanillas de las flores, lleno de dicha y de vida; ese es el fin de ella. Esa oruga eres tú, hasta que seas envuelto en la crisálida de la muerte; pero cuando Cristo aparezca serás semejante a él, porque le verás como él es. Conténtate con ser como él, gusano y no hombre, para que como él seas saciado cuando despiertes a su semejanza. Ese diamante de aspecto tosco es puesto sobre la rueda del lapidario. Lo corta por todos lados. Pierde mucho: mucho de lo que a sí mismo le parecía de gran precio. El rey es coronado; la diadema es puesta sobre la cabeza del monarca con el alegre son de la trompeta. Un rayo destellante fulgura desde esa coroneta, y brota de aquel mismo diamante que hace un momento era tan penosamente atormentado por el lapidario. Bien puedes atreverte a compararte con semejante diamante, pues eres uno del pueblo de Dios; y este es el tiempo del proceso de la talla. Deja que la fe y la paciencia tengan su obra perfecta, porque el día en que la corona sea puesta sobre la cabeza del Rey Eterno, Inmortal, Invisible, un rayo de gloria brotará de ti. «Serán para mí especial tesoro», ha dicho Jehová de los ejércitos, «en el día que yo tengo de hacer». «Mejor es el fin del negocio que su principio.»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

2 Samuel 2:26«¿no sabes tú que al cabo se sigue amargura?»

Si, ¡oh lector mío!, eres meramente un profesante, y no un poseedor de la fe que es en Cristo Jesús, las líneas que siguen son un bosquejo verdadero de tu fin.

Eres un asistente respetable de un lugar de culto; vas porque otros van, no porque tu corazón esté recto para con Dios. Este es tu principio. Supondré que por los próximos veinte o treinta años se te conservará para seguir como sigues ahora, profesando religión por una asistencia exterior a los medios de gracia, pero sin tener corazón en el asunto. Pisa suavemente, pues he de mostrarte el lecho de muerte de uno como tú. Contemplémoslo con delicadeza. Un sudor pegajoso le cubre la frente, y despierta clamando: «¡Oh Dios, qué duro es morir! ¿Enviaste a llamar a mi ministro?» «Sí, ya viene.» Viene el ministro. «¡Señor, temo que me estoy muriendo!» «¿Tienes alguna esperanza?» «No puedo decir que la tenga. Temo presentarme ante mi Dios; ¡oh!, ruega por mí.» La oración se ofrece por él con sincero fervor, y el camino de la salvación se le pone delante por la diezmilésima vez; pero antes de que haya asido la cuerda, lo veo hundirse. Puedo poner el dedo sobre aquellos párpados fríos, porque nunca más verán nada aquí. Pero ¿dónde está el hombre, y dónde están los verdaderos ojos del hombre? Escrito está: «En el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos.» ¡Ah! ¿Por qué no alzó los ojos antes? Porque estaba tan acostumbrado a oír el evangelio, que su alma se dormía bajo él. ¡Ay! Si alzaras allí los ojos, cuán amargos serán tus lamentos. Deja que las propias palabras del Salvador revelen el ay: «Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.» Hay un sentido espantoso en esas palabras. ¡Que nunca tengas que deletrearlo a la luz roja de la ira de Jehová!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde