28 de diciembre
Mañana
Gálatas 2:20«lo que ahora vivo en la carne, [lo] vivo en la fe del Hijo de Dios»Cuando el Señor, en su misericordia, pasó junto a nosotros y nos vio en nuestra sangre, lo primero de todo dijo: «Vive»; y esto lo hizo primero, porque la vida es una de las cosas absolutamente esenciales en los asuntos espirituales, y hasta que no nos es concedida somos incapaces de participar en las cosas del reino. Ahora bien, la vida que la gracia confiere a los santos en el momento de su vivificación no es otra que la vida de Cristo, la cual, como la savia desde el tronco, corre hasta nosotros, las ramas, y establece una conexión viva entre nuestras almas y Jesús. La fe es la gracia que percibe esta unión, habiendo procedido de ella como su primicia. Es el cuello que une el cuerpo de la Iglesia con su Cabeza toda gloriosa.
¡Oh Fe! Tú, vínculo de unión con el Señor, ¿no es tuyo este oficio? Y tu nombre justo, en la economía de los tipos del evangelio y de los símbolos apropiados: el cuello de la Iglesia; que la identifica en la voluntad y en la obra con él, ya ascendido.
La fe ase al Señor Jesús con una presa firme y resuelta. Conoce su excelencia y su valor, y ninguna tentación puede inducirla a depositar su confianza en otra parte; y Cristo Jesús se deleita tanto con esta gracia celestial, que nunca cesa de fortalecerla y sostenerla con el abrazo amoroso y el apoyo todo suficiente de sus brazos eternos. Queda, pues, establecida aquí una unión viva, perceptible y deliciosa, que echa fuera corrientes de amor, confianza, simpatía, complacencia y gozo, de las cuales tanto la esposa como el esposo aman beber. Cuando el alma puede percibir con evidencia esta unidad entre ella misma y Cristo, puede sentirse el pulso latiendo por ambos, y la misma sangre corriendo por las venas de cada uno. Entonces el corazón está tan cerca del cielo como puede estarlo en la tierra, y está preparado para gozar del género de comunión más sublime y espiritual.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Mateo 10:34«No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada.»El cristiano de seguro se hará enemigos. Uno de sus propósitos será no hacerse ninguno; pero si hacer lo recto, y creer lo verdadero, hubiera de hacerle perder todo amigo terrenal, lo contará apenas como una pérdida pequeña, pues su gran Amigo en el cielo será todavía más amigo, y se le revelará más graciosamente que nunca. Oh ustedes, que han tomado su cruz, ¿no saben lo que dijo su Maestro? «Porque he venido para hacer disensión del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre [serán] los de su casa.» Cristo es el gran Pacificador; pero antes de la paz, trae guerra. Donde llega la luz, las tinieblas han de retirarse. Donde está la verdad, la mentira ha de huir; o, si permanece, tiene que haber un conflicto severo, porque la verdad no puede ni quiere arriar su estandarte, y la mentira ha de ser hollada bajo los pies. Si sigues a Cristo, tendrás a todos los perros del mundo ladrándote a los talones. Si quieres vivir de modo que resistas la prueba del tribunal final, ten por cierto que el mundo no hablará bien de ti. El que tiene la amistad del mundo es enemigo de Dios; pero si eres verdadero y fiel al Altísimo, los hombres se resentirán de tu fidelidad inquebrantable, puesto que es un testimonio contra sus iniquidades. Sin temor de consecuencia alguna, debes hacer lo recto. Necesitarás el valor de un león para seguir sin vacilar un camino que convierta a tu mejor amigo en tu enemigo más fiero; pero por amor a Jesús has de ser así de valiente. Por causa de la verdad arriesgar la reputación y el afecto es una hazaña tal, que para hacerla de continuo necesitarás un grado de principio moral que solo el Espíritu de Dios puede obrar en ti; con todo, no vuelvas la espalda como un cobarde, sino pórtate como hombre. Sigue con toda hombría las pisadas de tu Maestro, porque él ha recorrido este áspero camino antes que tú. Mejor una breve guerra y el descanso eterno, que una paz falsa y el tormento eterno.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde