2 de octubre
Mañana
Colosenses 1:5«la esperanza que os está guardada en los cielos»Nuestra esperanza en Cristo para el porvenir es el resorte principal y el sostén mayor de nuestro gozo aquí. Esa esperanza animará nuestros corazones al pensar a menudo en el cielo, porque todo lo que podemos desear está prometido allí. Aquí estamos cansados y rendidos de trabajo, pero allá está la tierra del reposo, donde el sudor de la labor no rociará más la frente del trabajador, y la fatiga será desterrada para siempre. Para los que están cansados y agotados, la palabra «reposo» está llena de cielo. Siempre estamos en el campo de batalla; tan tentados por dentro, y tan acosados por enemigos de fuera, que tenemos poca paz, o ninguna; pero en el cielo disfrutaremos la victoria, cuando el estandarte se agite en alto, en triunfo, y la espada se envaine, y oigamos a nuestro Capitán decir: «Bien, buen siervo y fiel». Hemos sufrido duelo tras duelo, pero vamos a la tierra de los inmortales, donde los sepulcros son cosa desconocida. Aquí el pecado es un dolor constante para nosotros, pero allí seremos perfectamente santos, porque de ningún modo entrará en aquel reino cosa alguna que contamine. La cicuta no brota en los surcos de los campos celestiales. ¡Oh! ¿no es gozo que no has de estar desterrado para siempre, que no has de habitar eternamente en este desierto, sino que pronto heredarás Canaán? Sin embargo, nunca se diga de nosotros que soñamos con el porvenir y olvidamos el presente; que el porvenir santifique el presente para los usos más altos. Por el Espíritu de Dios, la esperanza del cielo es la fuerza más potente para producir la virtud; es una fuente de esfuerzo gozoso, es la piedra angular de la santidad alegre. El hombre que tiene esta esperanza en sí va a su trabajo con vigor, porque el gozo del Señor es su fortaleza. Pelea contra la tentación con ardor, porque la esperanza del mundo venidero repele los dardos de fuego del adversario. Puede trabajar sin recompensa presente, porque busca una recompensa en el mundo por venir.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Daniel 10:11«varón de deseos»Hijo de Dios, ¿vacilas en apropiarte de este título? [N. del T.: la RV1909 vierte el título como «varón de deseos»; aquí se traduce el sentido que Spurgeon predica: un varón grandemente amado.] ¡Ah! ¿tu incredulidad te ha hecho olvidar que tú también eres grandemente amado? ¿No has tenido que ser grandemente amado, para haber sido comprado con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación? Cuando Dios hirió a su Hijo unigénito por ti, ¿qué fue esto sino ser grandemente amado? Vivías en pecado, y en él te desenfrenabas; ¿no has tenido que ser grandemente amado para que Dios te soportara con tanta paciencia? Fuiste llamado por gracia, y conducido a un Salvador, y hecho hijo de Dios y heredero del cielo. Todo esto prueba, ¿no es cierto?, un amor muy grande y sobreabundante. Desde entonces, ya haya sido tu camino áspero de tribulaciones, o llano de misericordias, ha estado lleno de pruebas de que eres un varón grandemente amado. Si el Señor te ha castigado, no ha sido en ira; si te ha hecho pobre, en la gracia, con todo, has sido rico. Cuanto más indigno te sientas, más evidencia tienes de que nada sino un amor indecible pudo llevar al Señor Jesús a salvar un alma como la tuya. Cuanto más sientas tu demérito, más claro es el despliegue del amor abundante de Dios al haberte elegido, y llamado, y hecho heredero de la bienaventuranza. Ahora, si hay tal amor entre Dios y nosotros, vivamos en su influjo y en su dulzura, y usemos el privilegio de nuestra posición. No nos acerquemos a nuestro Señor como si fuéramos extraños, o como si él no quisiera oírnos, porque somos grandemente amados por nuestro Padre amoroso. «El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» Ven con denuedo, oh creyente, porque, a pesar de los susurros de Satanás y de las dudas de tu propio corazón, tú eres grandemente amado. Medita esta tarde en la grandeza extraordinaria y en la fidelidad del amor divino, y así acuéstate en paz.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde