20 de julio
Mañana
Efesios 1:14«las arras de nuestra herencia»¡Oh! ¡qué iluminación, qué gozos, qué consuelo, qué deleite del corazón experimenta el hombre que ha aprendido a alimentarse de Jesús, y de Jesús solo! Con todo, la experiencia que alcanzamos de lo precioso de Cristo es, en esta vida, imperfecta en el mejor de los casos. Como dice un escritor antiguo: «¡No es más que una probada!» Hemos gustado «que el Señor es benigno», pero aún no sabemos cuán bueno y benigno es, aunque lo que conocemos de su dulzura nos hace anhelar más. Hemos gozado las primicias del Espíritu, y ellas nos han dejado con hambre y sed de la plenitud de la vendimia celestial. Gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción. Aquí somos como Israel en el desierto, que no tuvo más que un racimo de Escol; allá estaremos en la viña. Aquí vemos el maná que cae menudo, como simiente de culantro; pero allá comeremos el pan del cielo y el trigo añejo del reino. No somos ahora sino principiantes en la educación espiritual; pues, aunque hemos aprendido las primeras letras del alfabeto, aún no podemos leer palabras, y mucho menos formar frases; pero, como dijo uno: «El que ha estado en el cielo apenas cinco minutos sabe más que la asamblea general de teólogos sobre la tierra.» Tenemos ahora muchos deseos no satisfechos, pero pronto todo anhelo será saciado; y todas nuestras facultades hallarán el empleo más dulce en ese mundo eterno de gozo. Oh cristiano, anticípate al cielo por unos pocos años. Dentro de muy poco tiempo te verás libre de todas tus pruebas y tus aflicciones. Tus ojos, ahora bañados de lágrimas, no llorarán más. Contemplarás con arrobamiento inefable el esplendor de aquel que está sentado sobre el trono. Más aún: sobre su trono te sentarás tú. El triunfo de su gloria será compartido por ti; su corona, su gozo, su paraíso, estos serán tuyos, y serás coheredero con aquel que es heredero de todo.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Jeremías 2:18«Ahora pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo?»Por milagros diversos, por misericordias variadas, por liberaciones extrañas, Jehová había demostrado ser digno de la confianza de Israel. Con todo, ellos derribaron los setos con que Dios los había cercado como huerto sagrado; dejaron a su Dios verdadero y vivo, y se fueron tras dioses falsos. Continuamente los reprendía el Señor por esta ofuscación, y nuestro texto contiene un caso en que Dios les reconviene: «Ahora pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas las aguas del río cenagoso?», pues así puede traducirse. «¿Por qué vagas lejos y dejas tu propio arroyo fresco del Líbano? ¿Por qué abandonas Jerusalén para apartarte a Noph y a Taphnes? ¿Por qué estás tan extrañamente inclinado al mal, que no puedes contentarte con lo bueno y saludable, sino que quieres ir tras lo que es malo y engañoso?» ¿No hay aquí una palabra de reconvención y de advertencia para el cristiano? Oh, verdadero creyente, llamado por gracia y lavado en la sangre preciosa de Jesús, has gustado una bebida mejor que la que puede darte el río cenagoso del placer de este mundo; has tenido comunión con Cristo; has alcanzado el gozo de ver a Jesús y de reclinar tu cabeza sobre su pecho. ¿Te contentan, después de eso, las bagatelas, las canciones, los honores, las diversiones de esta tierra? ¿Has comido el pan de los ángeles, y puedes vivir de algarrobas? El buen Rutherford dijo una vez: «He gustado el maná mismo de Cristo, y me ha dejado la boca sin gusto para el pan moreno de los gozos de este mundo.» Me parece que así ha de ser contigo. Si andas vagando tras las aguas de Egipto, oh, vuelve pronto a la única fuente de agua viva: las aguas del Nilo pueden ser dulces para los egipcios, pero a ti solo te resultarán amargura. ¿Qué tienes tú que ver con ellas? Jesús te hace esta pregunta esta tarde: ¿qué le responderás?
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde