2 de julio
Mañana
Salmos 33:21«en él se alegrará nuestro corazón»Bendito es el hecho de que los cristianos pueden alegrarse aun en la angustia más profunda; aunque la tribulación los rodee, siguen cantando; y, como muchas aves, cantan mejor en sus jaulas. Las olas pueden rodar sobre ellos, pero sus almas pronto suben a la superficie y ven la luz del rostro de Dios; tienen en sí un empuje que mantiene su cabeza siempre por encima del agua, y los ayuda a cantar en medio de la tempestad: «Dios está aún conmigo». ¿A quién se dará la gloria? ¡Oh!, a Jesús: todo es por Jesús. La tribulación no trae necesariamente consigo la consolación al creyente, pero la presencia del Hijo de Dios en el horno de fuego con él le llena el corazón de gozo. Está enfermo y sufriendo, pero Jesús lo visita y le hace la cama. Está muriendo, y las aguas frías y heladas del Jordán se le juntan alrededor hasta el cuello, pero Jesús lo rodea con sus brazos y clama: «No temas, amado; morir es ser bienaventurado; las aguas de la muerte tienen su manantial en el cielo; no son amargas, son dulces como el néctar, porque fluyen del trono de Dios.» Mientras el santo que parte vadea la corriente, y las olas se le juntan alrededor, y el corazón y la carne le desfallecen, la misma voz suena en sus oídos: «No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios». Cuando se acerca a los límites de lo infinito desconocido, y casi se espanta de entrar en el reino de las sombras, Jesús dice: «No temáis», «porque al Padre ha placido daros el reino.» Así fortalecido y consolado, el creyente no tiene miedo de morir; es más, está aun dispuesto a partir, pues, como ha visto a Jesús como la estrella de la mañana, anhela contemplarlo como el sol en su fuerza. En verdad, la presencia de Jesús es todo el cielo que deseamos. Él es a la vez
La gloria de nuestros días más brillantes; el consuelo de nuestras noches.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Salmos 28:1«A TI clamaré, oh Jehová, fortaleza mía: no te desentiendas de mí; porque no sea yo, dejándome tú, semejante á los que descienden al sepulcro.»El clamor es la expresión natural del dolor, y una palabra oportuna cuando nos fallan todos los demás modos de apelación; pero el clamor ha de dirigirse únicamente al Señor, porque clamar al hombre es echar nuestras súplicas al aire. Cuando consideramos la prontitud del Señor para oír, y su poder para socorrer, veremos buena razón para dirigir todas nuestras apelaciones de inmediato al Dios de nuestra salvación. Será en vano llamar a las rocas en el día del juicio, pero nuestra Roca atiende a nuestros clamores.
«no te desentiendas de mí». Los meros formalistas pueden contentarse sin respuestas a sus oraciones, pero los suplicantes de veras no pueden; no les basta el fruto de la oración misma, que sosiega la mente y doblega la voluntad: han de ir más lejos y obtener respuestas reales del cielo, o no pueden reposar; y esas respuestas anhelan recibirlas al momento; temen aun un poco del silencio de Dios. La voz de Dios es a menudo tan terrible que hace temblar el desierto; pero su silencio está igualmente lleno de sobrecogimiento para el suplicante anhelante. Cuando Dios parece cerrar el oído, no debemos por eso cerrar la boca, sino clamar más bien con mayor instancia; porque, cuando nuestro clamor se agudiza por el ansia y el dolor, él no nos negará por mucho tiempo el ser oídos. ¡En qué situación tan espantosa estaríamos si el Señor enmudeciera para siempre ante nuestras oraciones! «porque no sea yo, dejándome tú, semejante á los que descienden al sepulcro.» Privados del Dios que responde a la oración, estaríamos en condición más lastimosa que los muertos de la tumba, y pronto caeríamos al mismo nivel de los perdidos en el infierno. Hemos de tener respuestas a la oración: el nuestro es un caso urgente de necesidad extrema; de seguro el Señor hablará paz a nuestras mentes agitadas, porque jamás hallará en su corazón el permitir que sus propios escogidos perezcan.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde