6 de junio
Mañana
Job 40:4«He aquí que yo soy vil»¡Una palabra de aliento, pobre pecador perdido, para ti! Piensas que no debes venir a Dios porque eres vil. Ahora bien, no hay un santo que viva sobre la tierra a quien no se le haya hecho sentir que es vil. Si Job, e Isaías, y Pablo se vieron todos obligados a decir «yo soy vil», oh, pobre pecador, ¿te avergonzarás de unirte a la misma confesión? Si la gracia divina no desarraiga todo pecado del creyente, ¿cómo esperas hacerlo tú mismo? Y si Dios ama a su pueblo mientras todavía es vil, ¿piensas que tu vileza impedirá que él te ame? ¡Cree en Jesús, tú, desechado de la sociedad del mundo! Jesús te llama a ti, y a los que son como tú.
No a los justos, no a los justos; a pecadores vino Jesús a llamar.
Di aun ahora: «Tú has muerto por los pecadores; yo soy pecador, Señor Jesús, rocía tu sangre sobre mí»; si confiesas tu pecado, hallarás perdón. Si ahora, de todo corazón, dices: «yo soy vil, lávame», serás lavado ahora. Si el Espíritu Santo te capacita para clamar de corazón
Tal como soy, sin alegato alguno, salvo que tu sangre fue derramada por mí y que tú me mandas venir a ti: ¡oh Cordero de Dios, vengo!
te levantarás de leer la porción de esta mañana con todos tus pecados perdonados; y aunque hayas despertado esta mañana con todo pecado que el hombre jamás haya cometido sobre tu cabeza, reposarás esta noche aceptado en el Amado; aunque antes degradado con los harapos del pecado, serás ataviado con un manto de justicia, y aparecerás blanco como lo son los ángeles. Porque «ahora», márcalo, «he aquí ahora el tiempo aceptable». Si tú crees «en aquél que justifica al impío», eres salvo. ¡Oh! Que el Espíritu Santo te dé fe salvadora en aquel que recibe a los más viles.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
2 Corintios 11:22«¿Son Israelitas? yo también.»Tenemos aquí UNA REIVINDICACIÓN PERSONAL, y una que necesita prueba. El apóstol sabía que su reivindicación era indiscutible, pero hay muchas personas que no tienen derecho al título y que, sin embargo, pretenden pertenecer al Israel de Dios. Si declaramos con confianza: «Yo también soy israelita», digámoslo solo después de haber escudriñado nuestro corazón como en la presencia de Dios. Pero si podemos dar prueba de que seguimos a Jesús, si podemos decir de corazón: «Confío en él del todo, confío en él solamente, confío en él con sencillez, confío en él ahora, y confío en él siempre», entonces la posición que ocupan los santos de Dios nos pertenece: todos sus goces son bienes nuestros. Podemos ser los más pequeños en Israel, «menos que el más pequeño de todos los santos», y sin embargo, puesto que las misericordias de Dios pertenecen a los santos COMO SANTOS, y no como santos adelantados, ni como santos bien instruidos, podemos presentar nuestro alegato y decir: «¿Son Israelitas? yo también; por tanto, las promesas son mías, la gracia es mía, la gloria será mía.» La reivindicación, hecha con derecho, es de las que rinden un consuelo indecible. Cuando el pueblo de Dios se regocija de ser suyo, qué dicha si pueden decir: «¡YO TAMBIÉN!». Cuando hablan de ser perdonados, y justificados, y aceptados en el Amado, qué gozo responder: «Por la gracia de Dios, YO TAMBIÉN.» Pero esta reivindicación no solo tiene sus goces y sus privilegios, sino también sus condiciones y sus deberes. Hemos de compartir con el pueblo de Dios la nube tanto como el sol. Cuando los oímos mencionados con desprecio y burla por ser cristianos, hemos de adelantarnos con denuedo y decir: «Yo también.» Cuando los vemos trabajar para Cristo, dando su tiempo, su talento y su corazón entero a Jesús, hemos de poder decir: «Yo también lo hago.» Oh, probemos nuestra gratitud con nuestra devoción, y vivamos como quienes, habiendo reivindicado un privilegio, están dispuestos a tomar la responsabilidad que va unida a él.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde