7 de mayo
Mañana
Mateo 12:15«le siguieron muchas gentes, y sanaba á todos»¡Qué masa de horrible enfermedad debió de haberse agolpado bajo la mirada de Jesús! Sin embargo, no leemos que se disgustara, sino que atendió con paciencia cada caso. ¡Qué singular variedad de males debió de haberse juntado a sus pies! ¡Qué úlceras nauseabundas y qué llagas putrefactas! Con todo, él estaba listo para cada nueva forma del monstruo del mal, y fue vencedor sobre él en cada forma. Saliera la flecha del punto que saliera, él apagaba su poder de fuego. El calor de la fiebre, o el frío de la hidropesía; el letargo de la parálisis, o la furia de la locura; la inmundicia de la lepra, o las tinieblas de la oftalmía: todos conocieron el poder de su palabra, y huyeron a su mandato. En cada rincón del campo triunfó sobre el mal, y recibió el homenaje de los cautivos libertados. Vino, vio y venció en todas partes. Así es también esta mañana. Sea cual fuere mi propio caso, el Médico amado puede sanarme; y sea cual fuere el estado de otros a quienes yo recuerde en este momento en la oración, puedo tener esperanza en Jesús de que él podrá sanarlos de sus pecados. Mi hijo, mi amigo, mi ser más querido: puedo tener esperanza por cada uno, por todos, cuando recuerdo el poder sanador de mi Señor; y por mi propia cuenta, por severa que sea mi lucha con pecados y flaquezas, aún puedo cobrar ánimo. El que en la tierra recorría los hospitales sigue dispensando su gracia, y obra maravillas entre los hijos de los hombres: vaya yo a él en seguida, con verdadero empeño.
Alábele yo esta mañana, al recordar cómo obró sus curaciones espirituales, las que más renombre le traen. Las obró tomando sobre sí nuestras enfermedades: «por su llaga fuimos nosotros curados». La Iglesia en la tierra está llena de almas sanadas por nuestro Médico amado; y los moradores del cielo mismo confiesan que «sanaba á todos». Ven, pues, alma mía, publica por todas partes la virtud de su gracia, y que sea «á Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída».
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Juan 5:8«Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda.»Como muchos otros, el hombre impotente había estado esperando que se obrara un prodigio y que se diera una señal. Con fatiga vigilaba el estanque, pero ningún ángel venía, o no venía para él; sin embargo, pensando que esa era su única oportunidad, seguía esperando, y no sabía que había Uno cerca de él cuya palabra podía sanarlo en un momento. Muchos están en el mismo aprieto: esperan alguna emoción singular, alguna impresión notable o alguna visión celestial; esperan en vano y vigilan para nada. Aun suponiendo que, en unos pocos casos, se vean señales notables, con todo estas son raras, y ningún hombre tiene derecho a buscarlas en su propio caso; ningún hombre, sobre todo, que siente su impotencia para valerse del movimiento del agua aun si llegara. Es una reflexión muy triste que decenas de millares estén ahora esperando en el uso de los medios, y de las ordenanzas, y de los votos, y de las resoluciones, y que así hayan esperado desde tiempo inmemorial, en vano, enteramente en vano. Mientras tanto, estas pobres almas olvidan al Salvador presente, que les manda mirar a él y ser salvos. Él podría sanarlos al instante, pero ellos prefieren esperar un ángel y un prodigio. Confiar en él es el camino seguro hacia toda bendición, y él es digno de la más implícita confianza; pero la incredulidad los hace preferir los fríos portales de Betesda al cálido seno de su amor. ¡Oh, que el Señor vuelva esta noche su mirada sobre las multitudes que están en este caso; que perdone los desaires que hacen a su divino poder, y los llame con esa dulce voz que constriñe, a levantarse del lecho de la desesperación y, en la energía de la fe, tomar su lecho y andar! Oh Señor, oye nuestra oración por todos los tales en esta hora serena del ocaso, y antes que rompa el día, que miren y vivan.
Lector cortés, ¿hay algo en esta porción para ti?
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde