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19 de abril

Mañana

Mateo 27:51«he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo»

No fue milagro pequeño el rasgar un velo tan fuerte y tan grueso; pero no se intentó meramente como una muestra de poder: muchas lecciones se nos enseñaron aquí. La ley antigua de las ordenanzas fue quitada, y como un vestido gastado, rasgada y puesta a un lado. Cuando Jesús murió, los sacrificios quedaron todos terminados, porque todos se cumplieron en él, y por eso el lugar de su presentación fue marcado con una señal evidente de caducidad. Aquella rasgadura reveló también todas las cosas escondidas de la dispensación antigua: el propiciatorio podía verse ahora, y la gloria de Dios resplandecía por encima de él. Por la muerte de nuestro Señor Jesús tenemos una revelación clara de Dios, porque él fue «no como Moisés, [que] ponía un velo sobre su faz.» La vida y la inmortalidad son ahora sacadas a luz, y las cosas que han estado escondidas desde la fundación del mundo se manifiestan en él. La ceremonia anual de la expiación quedó así abolida. La sangre expiatoria que una vez al año se rociaba dentro del velo fue ahora ofrecida una vez para siempre por el gran Sumo Sacerdote, y por eso el lugar del rito simbólico fue deshecho. No se necesita ahora sangre de novillos ni de corderos, porque Jesús ha entrado dentro del velo con su propia sangre. De ahí que el acceso a Dios está ahora permitido, y es el privilegio de todo creyente en Cristo Jesús. No hay un pequeño espacio abierto por el cual podamos atisbar el propiciatorio, sino que la rasgadura llega de alto a bajo. Podemos llegar con denuedo al trono de la gracia celestial. ¿Erraremos si decimos que la apertura del Lugar Santísimo de este modo maravilloso, por el clamor expirante de nuestro Señor, fue el tipo de la apertura de las puertas del paraíso a todos los santos en virtud de la Pasión? Nuestro Señor que sangra tiene la llave del cielo; él abre y ninguno cierra; entremos con él en los lugares celestiales, y sentémonos con él allí hasta que nuestros enemigos comunes sean puestos por estrado de sus pies.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Apocalipsis 3:14«el Amén»

La palabra Amén confirma solemnemente lo que fue antes; y Jesús es el gran Confirmador; inmutable, para siempre es «el Amén» en todas sus promesas. Pecador, quisiera consolarte con esta reflexión. Jesucristo dijo: «Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.» Si vienes a él, dirá «Amén» en tu alma; su promesa será verdadera para ti. Dijo en los días de su carne: «La caña cascada no quebrará.» Oh tú, corazón pobre, quebrado y magullado, si vienes a él, te dirá «Amén», y eso será verdadero en tu alma como en centenares de casos de años pasados. Cristiano, ¿no es esto muy consolador también para ti, que no hay una palabra que haya salido de los labios del Salvador que él haya retractado jamás? Las palabras de Jesús permanecerán cuando el cielo y la tierra pasen. Si llegas a asirte de solo media promesa, la hallarás verdadera. Guárdate de aquel que se llama «Recorta-promesas», que destruirá mucho del consuelo de la palabra de Dios.

Jesús es el Sí y el Amén en todos sus oficios. Fue Sacerdote para perdonar y limpiar una vez; es Amén como Sacerdote todavía. Fue Rey para regir y reinar por su pueblo, y para defenderlo con su brazo poderoso; es un Rey Amén, el mismo todavía. Fue Profeta de antiguo, para anunciar las cosas buenas por venir; sus labios son dulcísimos, y aún destilan miel: es un Profeta Amén. Es Amén en cuanto al mérito de su sangre; es Amén en cuanto a su justicia. Aquel manto sagrado permanecerá hermosísimo y glorioso cuando la naturaleza se desgaste. Es Amén en cada título que lleva: tu Esposo, que nunca busca divorcio; tu Amigo, más conjunto que un hermano; tu Pastor, contigo en el valle oscuro de la muerte; tu Auxilio y tu Libertador; tu Castillo y tu Torre alta; el Cuerno de tu fortaleza, tu confianza, tu gozo, tu todo en todo, y tu Sí y tu Amén en todo.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde