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25 de febrero

Mañana

Mateo 3:7«la ira que vendrá»

Es agradable recorrer un país después de que la tormenta se ha agotado; oler la frescura de las hierbas después de que la lluvia ha pasado, y notar las gotas mientras brillan como los diamantes más puros a la luz del sol. Esa es la posición de un cristiano. Va por una tierra donde la tormenta se ha agotado sobre la cabeza de su Salvador, y si caen unas pocas gotas de dolor, se destilan de nubes de misericordia, y Jesús lo alienta con la seguridad de que no son para su destrucción. Pero ¡qué terrible es presenciar la aproximación de una tempestad: notar los presagios de la tormenta; observar las aves del cielo mientras abaten las alas; ver el ganado mientras agacha la cabeza aterrorizado; discernir el rostro del cielo mientras ennegrece, y mirar al sol que no brilla, y a los cielos airados y ceñudos! ¡Qué terrible aguardar el avance temible de un huracán —como ocurre a veces en los trópicos—, esperar con aprensión terrible hasta que el viento se lance con furia, arrancando los árboles de raíz, desalojando las rocas de sus pedestales y derribando todas las moradas del hombre! Y, sin embargo, pecador, esta es tu posición presente. Aún no han caído gotas ardientes, pero viene una lluvia de fuego. Ningún viento terrible aúlla en torno a ti, pero la tempestad de Dios está reuniendo su artillería temible. Hasta ahora los diluvios están represados por la misericordia, pero las compuertas pronto se abrirán: los rayos de Dios están aún en su depósito, pero ¡he aquí que la tempestad se apresura, y cuán tremendo será aquel momento en que Dios, vestido de venganza, salga marchando con furia! ¿Dónde, dónde, dónde, oh pecador, esconderás la cabeza, o adónde huirás? ¡Oh, que la mano de la misericordia te lleve ahora a Cristo! Él está puesto libremente delante de ti en el evangelio: su costado hendido es la roca de refugio. Tú conoces tu necesidad de él; cree en él, échate sobre él, y entonces la furia habrá pasado para siempre.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Jonás 1:3«Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová á Tarsis, y descendió á Joppe»

En vez de ir a Nínive a predicar la Palabra, como Dios le mandó, a Jonás le disgustó la obra, y descendió a Joppe para escapar de ella. Hay ocasiones en que los siervos de Dios se retraen del deber. Pero ¿cuál es la consecuencia? ¿Qué perdió Jonás por su conducta? Perdió la presencia y el goce consolador del amor de Dios. Cuando servimos a nuestro Señor Jesús como deben hacerlo los creyentes, nuestro Dios está con nosotros; y aunque tengamos contra nosotros al mundo entero, si tenemos a Dios con nosotros, ¿qué importa? Pero en el momento en que retrocedemos y buscamos nuestras propias invenciones, estamos en alta mar sin piloto. Entonces podemos lamentarnos con amargura y gemir: «Oh Dios mío, ¿adónde te has ido? ¿Cómo pude ser tan necio de rehuir tu servicio, y perder así todos los claros resplandores de tu rostro? Este precio es demasiado alto. Déjame volver a mi lealtad, para que me goce en tu presencia». En segundo lugar, Jonás perdió toda paz de la mente. El pecado pronto destruye el consuelo del creyente. Es el venenoso árbol upas, de cuyas hojas destilan gotas mortales que destruyen la vida del gozo y de la paz. Jonás perdió todo aquello a que habría podido acudir en busca de consuelo en cualquier otro caso. No podía alegar la promesa de la protección divina, porque no andaba en los caminos de Dios; no podía decir: «Señor, encuentro estas dificultades en el cumplimiento de mi deber; por tanto, ayúdame a pasar por ellas». Estaba cosechando sus propias obras; estaba lleno de sus propios caminos. Cristiano, no hagas de Jonás, a menos que quieras tener todas las olas y las ondas rodando sobre tu cabeza. Hallarás a la larga que es mucho más duro rehuir la obra y la voluntad de Dios que entregarte a ellas de una vez. Jonás perdió su tiempo, porque de todos modos tuvo que ir a Nínive. Es duro contender con Dios; entreguémonos de una vez.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde