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23 de febrero

Mañana

Hebreos 13:5«No te desampararé, ni te dejaré»

Ninguna promesa es de interpretación particular. Todo cuanto Dios ha dicho a un santo cualquiera, lo ha dicho a todos. Cuando abre un pozo para uno, es para que todos beban. Cuando abre la puerta de un granero para repartir alimento, puede haber algún hombre que se muere de hambre y que sea la ocasión de que se abra, pero todos los santos hambrientos pueden venir y alimentarse también. Que haya dado la palabra a Abraham o a Moisés no importa, oh creyente; te la ha dado a ti como a uno de la descendencia del pacto. No hay bendición alta demasiado elevada para ti, ni misericordia tan amplia que sea demasiado extensa para ti. Alza ahora tus ojos al norte y al sur, al oriente y al occidente, porque todo esto es tuyo. Sube a la cumbre de Pisga, y contempla el límite más lejano de la promesa divina, porque la tierra es toda tuya. No hay arroyo de agua viva del que no puedas beber. Si la tierra fluye leche y miel, come la miel y bebe la leche, porque ambas son tuyas. Atrévete a creer, porque él ha dicho: «No te desampararé, ni te dejaré.» En esta promesa, Dios da a su pueblo todas las cosas. «No te desampararé». Entonces ningún atributo de Dios puede dejar de estar comprometido a favor de nosotros. ¿Es poderoso? Se mostrará fuerte a favor de los que confían en él. ¿Es amor? Entonces con benignidad tendrá misericordia de nosotros. Cualesquiera atributos compongan el carácter de la Deidad, cada uno de ellos, en toda su extensión, estará comprometido de nuestro lado. Para ponerlo todo en uno, no hay nada que puedas desear, no hay nada que puedas pedir, no hay nada que puedas necesitar en el tiempo o en la eternidad, no hay nada en la vida, nada en la muerte, no hay nada en este mundo, nada en el mundo venidero, no hay nada ahora, nada en la mañana de la resurrección, nada en el cielo que no esté contenido en este texto: «No te desampararé, ni te dejaré.»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Marcos 10:21«ven, sígueme, tomando tu cruz»

No te toca fabricar tu propia cruz, aunque la incredulidad es un maestro carpintero en hacer cruces; tampoco se te permite escoger tu propia cruz, aunque la voluntad propia bien querría ser señora y dueña; sino que tu cruz está preparada y señalada para ti por el amor divino, y has de aceptarla con alegría; has de tomar la cruz como tu insignia y tu carga escogidas, y no quedarte discutiéndola con reparos. Esta noche Jesús te manda poner el hombro bajo su yugo fácil. No la cocees por irritación, ni la pisotees con vanagloria, ni caigas bajo ella en desesperación, ni huyas de ella con miedo, sino tómala como verdadero seguidor de Jesús. Jesús fue portador de la cruz; él va delante en la senda del dolor. ¡Ciertamente no podrías desear mejor guía! Y si él cargó una cruz, ¿qué carga más noble desearías? La Via Crucis es el camino de la seguridad; no temas hollar sus sendas espinosas.

Amado, la cruz no está hecha de plumas, ni forrada de terciopelo; es pesada y lastima los hombros desobedientes; pero no es una cruz de hierro, aunque tus temores la hayan pintado con colores de hierro; es una cruz de madera, y un hombre puede llevarla, porque el Varón de dolores probó la carga. Toma tu cruz, y por el poder del Espíritu de Dios pronto la amarás tanto que, como Moisés, no cambiarías el vituperio de Cristo por todos los tesoros de Egipto. Recuerda que Jesús la llevó, y olerá con dulzura; recuerda que pronto la seguirá la corona, y el pensamiento del peso de gloria que viene aliviará mucho la pesadez presente de la aflicción. El Señor te ayude a doblar tu espíritu en sumisión a la voluntad divina antes de que te duermas esta noche, para que, al despertar con el sol de mañana, salgas a la cruz del día con el espíritu santo y sumiso que conviene a un seguidor del Crucificado.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde