12 de enero
Mañana
1 Corintios 3:23«Y vosotros de Cristo»«Y vosotros de Cristo». Eres suyo por donación, porque el Padre te dio al Hijo; suyo por su compra con sangre, porque él contó el precio de tu redención; suyo por dedicación, porque te has consagrado a él; suyo por relación, porque llevas su nombre y has sido hecho uno de sus hermanos y coherederos. Trabaja de manera práctica para mostrar al mundo que eres el siervo, el amigo, la esposa de Jesús. Cuando seas tentado a pecar, responde: «No puedo hacer esta gran maldad, porque soy de Cristo». Principios inmortales prohíben pecar al amigo de Cristo. Cuando tengas delante riquezas que hayan de ganarse por medio del pecado, di que eres de Cristo, y no las toques. ¿Estás expuesto a dificultades y peligros? Mantente firme en el día malo, recordando que eres de Cristo. ¿Estás puesto donde otros están sentados ociosos, sin hacer nada? Levántate a la obra con todas tus fuerzas; y cuando el sudor esté en tu frente y seas tentado a detenerte, clama: «No, no puedo parar, porque soy de Cristo. Si no hubiera sido comprado con sangre, podría ser como Isacar, agachado entre dos cargas; pero soy de Cristo, y no puedo holgazanear». Cuando el canto de sirena del placer quiera tentarte fuera de la senda de lo recto, responde: «Tu música no puede hechizarme; soy de Cristo». Cuando la causa de Dios te invite, entrega tus bienes y entrégate tú mismo, porque eres de Cristo. Nunca desmientas tu profesión. Sé siempre uno de aquellos cuyos modales son cristianos, cuyo hablar es como el del Nazareno, cuya conducta y cuyo modo de vivir son tan fragantes del cielo, que todos los que te vean sepan que eres del Salvador, reconociendo en ti sus rasgos de amor y su semblante de santidad. «¡Soy romano!» fue en otro tiempo una razón para la integridad; con mucha más razón, pues, sea tu argumento para la santidad: «¡Soy de Cristo!».
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Job 36:2«todavía [tengo] razones en orden á Dios»No debemos procurar publicidad para nuestra virtud, ni notoriedad para nuestro celo; pero, al mismo tiempo, es pecado estar siempre buscando esconder aquello que Dios nos ha concedido para el bien de los demás. Un cristiano no ha de ser una aldea en un valle, sino «una ciudad asentada sobre un monte»; no ha de ser una vela debajo de un almud, sino una vela en un candelero, que da luz a todos. El retiro puede ser hermoso en su tiempo, y esconderse es sin duda modesto, pero esconder a Cristo en nosotros jamás puede justificarse, y retener la verdad que nos es preciosa es un pecado contra los demás y una ofensa contra Dios. Si eres de temperamento nervioso y de disposición retraída, cuídate de no consentir demasiado esta propensión temblorosa, no sea que resultes inútil para la iglesia. Busca, en el nombre de aquel que no se avergonzó de ti, hacer una pequeña violencia a tus sentimientos, y di a otros lo que Cristo te ha dicho. Si no puedes hablar con lengua de trompeta, usa la voz queda y suave. Si el púlpito no ha de ser tu tribuna, si la prensa no puede llevar tus palabras en sus alas, di aun así con Pedro y Juan: «Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo te doy». Junto al pozo de Sicar habla con la mujer samaritana, si no puedes predicar un sermón en el monte; pronuncia las alabanzas de Jesús en la casa, si no en el templo; en el campo, si no en la lonja; en medio de tu propia casa, si no puedes en medio de la gran familia humana. De los manantiales escondidos del interior, deja que fluyan con dulzura arroyuelos de testimonio, dando de beber a todo el que pase. No escondas tu talento; negocia con él, y traerás buen interés a tu Señor y Amo. Hablar por Dios será refrigerio para nosotros, aliento para los santos, utilidad para los pecadores y honra para el Salvador. Los hijos mudos son una aflicción para sus padres. Señor, desata la lengua de todos tus hijos.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde