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3 de enero

Mañana

Isaías 49:8«te daré por alianza del pueblo»

Jesucristo es él mismo la suma y la sustancia del pacto, y lo es como uno de sus dones. Él es propiedad de todo creyente. Creyente, ¿puedes estimar lo que has obtenido en Cristo? «En él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente». Considera esa palabra, «Dios», y su infinitud, y medita luego en el «hombre perfecto» y en toda su hermosura; porque todo cuanto Cristo, como Dios y como hombre, tuvo jamás o pueda tener, es tuyo: por puro favor gratuito, traspasado a ti para ser tu propiedad vinculada para siempre. Nuestro bendito Jesús, como Dios, es omnisciente, omnipresente, omnipotente. ¿No te consolará saber que todos estos atributos, grandes y gloriosos, son enteramente tuyos? ¿Tiene poder? Ese poder es tuyo para sostenerte y fortalecerte, para vencer a tus enemigos y para preservarte hasta el fin. ¿Tiene amor? Pues bien, no hay una gota de amor en su corazón que no sea tuya; puedes zambullirte en el inmenso océano de su amor, y puedes decir de todo él: «Es mío». ¿Tiene justicia? Puede parecer un atributo severo, pero aun esa es tuya, porque él, por su justicia, hará que todo lo que se te ha prometido en el pacto de la gracia te quede asegurado con toda certeza. Y todo lo que él tiene como hombre perfecto es tuyo. Como hombre perfecto, el deleite del Padre estaba sobre él. Estuvo acepto ante el Altísimo. Oh creyente, la aceptación que Dios hace de Cristo es tu aceptación; porque ¿no sabes que el amor que el Padre puso sobre un Cristo perfecto, lo pone sobre ti ahora? Porque todo lo que Cristo hizo es tuyo. Esa justicia perfecta que Jesús obró, cuando por medio de su vida sin mancha guardó la ley y la hizo honorable, es tuya, y te es imputada. Cristo está en el pacto.

¡Dios mío, soy tuyo: qué consuelo divino! ¡Qué bendición saber que el Salvador es mío! En el Cordero celestial, tres veces dichoso estoy, y mi corazón danza al sonido de su nombre.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Lucas 3:4«Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, haced derechas sus sendas.»

La voz que clamaba en el desierto exigía un camino para el Señor, un camino preparado, y un camino preparado en el desierto. Quisiera atender a la proclamación del Maestro, y darle un camino hasta mi corazón, levantado por las operaciones de la gracia, a través del desierto de mi naturaleza. Las cuatro indicaciones del texto han de tener mi atención seria.

Todo valle ha de ser elevado. Han de abandonarse los pensamientos bajos y rastreros acerca de Dios; han de quitarse la duda y la desesperación; y han de dejarse el buscar lo propio y los deleites carnales. A través de estos valles profundos ha de levantarse una calzada gloriosa de gracia.

Todo monte y todo collado será abatido. La orgullosa suficiencia de la criatura y la jactanciosa justicia propia han de ser allanadas, para abrir camino al Rey de reyes. La comunión divina nunca se concede a pecadores altivos y de mente ensoberbecida. El Señor mira al humilde y visita al contrito de corazón, pero los altivos son abominación para él. Alma mía, suplica al Espíritu Santo que te enderece en este particular.

Lo torcido será enderezado. Al corazón vacilante ha de trazársele una senda recta de decisión por Dios y por la santidad. Los hombres de doble ánimo son extraños al Dios de verdad. Alma mía, mira que seas en todas las cosas honrada y verdadera, como ante los ojos del Dios que escudriña el corazón.

Los lugares ásperos serán allanados. Han de quitarse las piedras de tropiezo del pecado, y han de arrancarse de raíz las espinas y los abrojos de la rebelión. Un visitante tan grande no ha de hallar caminos cenagosos ni lugares pedregosos cuando venga a honrar a sus favorecidos con su compañía. ¡Oh, que esta tarde halle el Señor en mi corazón una calzada preparada por su gracia, para que avance en triunfo por los confines más lejanos de mi alma, desde el principio de este año hasta el fin de él!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde