Valera 1602 Purificada · Nuevo Testamento
Mateo 9
1Y Entrado en la nave, pasó a la otra parte, y vino a su propia ciudad. 2Y he aquí le trajeron a un paralítico echado en [una] cama: y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ten buen ánimo hijo; tus pecados te son perdonados. 3Y he aquí, ciertos de los escribas decían dentro de sí: Éste blasfema. 4Y viendo Jesús sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? 5¿Cuál cosa es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados; o decir: Levántate, y anda? 6Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entonces al paralítico:) Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. 7Y él se levantó y se fue a su casa. 8Y las gentes, viéndo[lo], se maravillaron, y glorificaron a Dios, que había dado tal potestad a los hombres. 9Y pasando Jesús de allí, vio a un hombre que estaba sentado al banco de los tributos, el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió. 10Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11Y viendo [esto] los fariseos, dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12Y oyéndo[lo] Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. 13Andad, antes aprended que cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: Porque no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a arrepentimiento. 14Entonces los discípulos de Juan vienen a él, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? 15Y les dijo Jesús: ¿Pueden los hijos del tálamo tener luto entre tanto que el desposado está con ellos? Mas vendrán días cuando el desposado será quitado [de] ellos, y entonces ayunarán. 16Nadie echa remiendo de paño nuevo en vestidura vieja; porque el tal remiendo tira de la vestidura, y se hace peor rotura. 17Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros; mas echan el vino nuevo en cueros nuevos; y lo uno y lo otro se conserva juntamente. 18Hablando él estas cosas a ellos, he aquí cierto príncipe vino, y le adoró, diciendo: Mi hija es muerta poco ha: mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. 19Y se levantó Jesús, y le siguió, y sus discípulos. 20Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre doce años había, llegándose por detrás, tocó la fimbria de su vestidura: 21Porque decía entre sí: Si tocare solamente su vestidura, seré sana. 22Mas Jesús volviéndose, y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija, tu fe te ha sanado. Y la mujer fue sana desde aquella hora. 23Y cuando Jesús vino a la casa del príncipe, y vio los tañedores de flautas, y la gente que hacía bullicio, 24Díceles: Apartaos, porque la doncella no es muerta, sino que duerme. Y se burlaban de él. 25Y cuando la gente fue echada fuera, entró, y la tomó de la mano, y la doncella se levantó. 26Y salió esta fama por toda aquella tierra. 27Y cuando partió Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David. 28Y habiendo entrado en la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dice: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor. 29Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Según a vuestra fe os sea hecho. 30Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad [que] nadie [lo] sepa. 31Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra. 32Y saliendo ellos, he aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado. 33Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y las gentes se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel. 34Mas los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios. 35Y andaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 36Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas; que eran fatigadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor. 37Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
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- 10 de agosto · TardeMateo 9:6
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