Valera 1602 Purificada · Nuevo Testamento
Marcos 1
1Principio del evangelio de Cristo Jesús, el Hijo de Dios. 2Como está escrito en los profetas: He aquí, yo envío a mi mensajero delante de tu faz, que apareje tu camino delante de ti. 3La voz de uno que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; haced derechas sus veredas. 4Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para remisión de pecados. 5Y salía a él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. 6Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. 7Y predicaba, diciendo: Viene en pos de mí el que es más poderoso que yo, del cual no soy digno yo de encorvarme a desatar la correa de sus zapatos. 8Yo a la verdad os he bautizado en agua; mas él os bautizará con el Espíritu Santo. 9Y aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10E inmediatamente, subiendo del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía sobre él. 11Y vino una voz del cielo, [que decía:] Tú eres mi Hijo amado; en quien estoy muy agradado. 12E inmediatamente el Espíritu le impele al desierto. 13Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, siendo tentado de Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servían. 14Mas después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, 15Y diciendo: el tiempo es cumplido; y el reino de Dios está cerca: Arrepentíos, y creed al evangelio. 16Y andando junto al mar de Galilea, vio a Simón, y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 17Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. 18Y dejando inmediatamente sus redes, le siguieron. 19Y pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo, [hijo] de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la nave, que remendaban las redes. 20E inmediatamente los llamó; y ellos dejando a su padre Zebedeo en la nave con los jornaleros, fueron en pos de él. 21Y entraron en Capernaum; e inmediatamente en el día de sábado, él entró en la sinagoga y enseñaba. 22Y estaban atónitos de su doctrina; porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. 23Y había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dio voces, 24Diciendo: ¡Ah!, déja[nos] ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Te conozco quién eres, el Santo de Dios. 25Y Jesús le reprendió, diciendo: Enmudece, y sal de él. 26Y haciéndole pedazos, el espíritu inmundo, y clamando a gran voz, salió de él. 27Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina [es] ésta, que con autoridad aun a los espíritus inmundos manda, y le obedecen? 28Y al instante se divulgó su fama por todo el país alrededor de la Galilea. 29E inmediatamente saliendo de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y de Andrés, con Jacobo y Juan. 30Pero la suegra de Simón estaba acostada con calentura; y le dijeron inmediatamente de ella. 31Entonces llegando [él], la tomó de su mano y la levantó; e inmediatamente la dejó la calentura, y les servía. 32Y cuando fue la tarde, cuando el sol se puso, traían a él todos los que tenían enfermedades, y endemoniados; 33Y toda la ciudad se juntó a la puerta. 34Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba a los demonios hablar porque le conocían. 35Y levantándose muy de mañana, aún muy de noche, salió, y se fue a un lugar muy desierto, y allí oraba. 36Y le siguió Simón, y los que estaban con él. 37Y hallándole, le dicen: Todos te buscan. 38Y les dice: Vamos a las aldeas vecinas, para que predique también allí; porque para esto he venido. 39Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios. 40Y un leproso vino a él, rogándole; e hincándose de rodillas, y diciéndole: Si quieres puedes limpiarme. 41Y Jesús, movido de compasión, extendió la mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio. 42Y habiendo él dicho esto, inmediatamente la lepra se fue de él, y fue limpio. 43Y le encargó estrechamente, y le envió inmediatamente, 44Y le dice: Mira, no digas a nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos. 45Mas él salió, y comenzó a publicarlo mucho, y a divulgar el negocio de manera que ya Jesús no podía entrar manifiestamente en la ciudad, mas estaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.
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