Valera 1602 Purificada · Antiguo Testamento
Génesis 37
1Y Habitó Jacob en la tierra donde peregrinó su padre, en la tierra de Canaán. 2Éstas [son] las generaciones de Jacob. José, [siendo] de edad de diez y siete años apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven [estaba] con los hijos de Bilha, y con los hijos de Zilpa, esposas de su padre: y noticiaba José a su padre la mala fama de ellos. 3Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque él [era] el hijo de su vejez: y le hizo una ropa de [diversos] colores. 4Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, aborrecíanle, y no le podían hablar pacíficamente. 5Y soñó José un sueño, y contó[lo] a sus hermanos; y ellos vinieron a aborrecerle más todavía. 6Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: 7He aquí, [estabamos] en el campo atando los manojos, y he aquí, mi manojo se levantaba, y estaba derecho, y vuestros manojos estaban alrededor, y se inclinaban al mío. 8Y respondiéronle sus hermanos: ¿Has de reinar tú sobre nosotros, o te has de enseñorear sobre nosotros? Y le aborrecieron aún más a causa de sus sueños y de sus palabras. 9Y soñó aún otro sueño, y contólo a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. 10Y contó[lo] a su padre y a sus hermanos: y su padre le reprendió, y díjole: ¿Qué sueño [es] éste que soñaste? ¿Hemos de venir yo y tu madre, y tus hermanos, a inclinarnos a ti a tierra? 11Y sus hermanos le tenían envidia; pero su padre observaba el dicho. 12Y fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem. 13Y dijo Israel a José: ¿No apacientan tus hermanos el [rebaño] en Siquem? Ven, y te enviaré a ellos. Y él le dijo: [Heme] aquí. 14Y él le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y enviólo del valle de Hebrón, y llegó a Siquem. 15Y hallólo un hombre, andando él perdido por el campo, y preguntóle aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas? 16Y él dijo: Busco a mis hermanos: ruégote que me digas dónde pastan. 17Y aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; yo les oí decir: Vamos a Dotán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y hallólos en Dotán. 18Y como ellos lo vieron de lejos, antes que cerca de ellos llegara, proyectaron contra él para matarle. 19Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador; 20Ahora pues, venid, y matémoslo y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia le devoró: y veremos qué serán sus sueños. 21Y como Rubén oyó [esto], librólo de sus manos, y dijo: No lo matemos. 22Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en este pozo que [está] en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo [así] de sus manos, para entregarlo a su padre. 23Y sucedió que, cuando llegó José a sus hermanos, ellos hicieron desnudar a José su ropa, la ropa de [diversos] colores que [tenía] sobre sí; 24Y tomáronlo, y echáronle en la cisterna; mas la cisterna [estaba] vacía, no [había] en ella agua. 25Y sentáronse a comer pan: y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas y bálsamo y mirra, e iban a llevar[lo] a Egipto. 26Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho [es] que matemos a nuestro hermano y encubramos su sangre? 27Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él [es] nuestro hermano [y] nuestra carne. Y sus hermanos acordaron con él. 28Y como pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y trajéronle arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte [piezas] de plata. Y llevaron a José a Egipto. 29Y Rubén volvió a la cisterna, y no [halló] a José dentro, y rasgó sus vestiduras. 30Y tornó a sus hermanos, y dijo: El mozo no [aparece]; y yo, ¿adónde iré yo? 31Entonces tomaron ellos la ropa de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la ropa con la sangre; 32Y enviaron la ropa de [diversos] colores y trajéron[la] a su padre, y dijeron: Ésta hemos hallado, reconoce ahora si es o no la ropa de tu hijo. 33Y él la conoció, y dijo: La ropa de mi hijo [es]; alguna mala bestia le devoró; José ha sido despedazado. 34Entonces Jacob rasgó sus vestiduras, y puso saco sobre sus lomos, y enlutóse por su hijo muchos días. 35Y levantáronse todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso tomar consolación, y dijo: Porque yo tengo de descender a mi hijo enlutado hasta la sepultura. Y llorólo su padre. 36Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón [y] capitán de los de la guardia.
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