Valera 1602 Purificada · Antiguo Testamento
Ezequiel 3
1Y Díjome: Hijo del hombre, come lo que hallares; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel. 2Y abrí mi boca, e hízome comer aquel rollo. 3Y díjome: Hijo del hombre, haz a tu vientre que coma, e hinche tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y comílo, y fue en mi boca dulce como miel. 4Díjome luego: Hijo del hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras. 5Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda ni de lengua difícil, sino a la casa de Israel. 6No a muchos pueblos de profunda habla ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas; y si a ellos te enviara, ellos te oyeran. 7Mas la casa de Israel no te querrán oír, porque no me quieren oír a mí: porque toda la casa de Israel son tiesos de frente, y duros de corazón. 8He aquí he hecho yo tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra su frente. 9Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque es casa rebelde. 10Y díjome: Hijo del hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos. 11Y ve, y entra a los trasportados, a los hijos de tu pueblo, y les hablarás y les dirás: Así ha dicho el Señor DIOS; escuchen, o dejen de escuchar. 12Y levantóme el espíritu, y oí detrás de mí una voz de grande estruendo, [que decía:] Bendita sea la gloria del SEÑOR desde su lugar. 13[Oí] también el sonido de las alas de los seres vivientes que se juntaban la una con la otra, y el sonido de las ruedas delante de ellos, y sonido de grande estruendo. 14Levantóme pues el espíritu, y me tomó; y fui en amargura, en la indignación de mi espíritu: mas la mano del SEÑOR era fuerte sobre mí. 15Y vine a los trasportados en Tel-abib, que moraban junto al río de Quebar, y asenté donde ellos estaban asentados, y allí permanecí siete días atónito entre ellos. 16Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo: 17Hijo del hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel: oirás pues tú la palabra de mi boca, y amonestarlos has de mi parte. 18Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás: y tú no le amonestares, ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino, a fin de que viva, el impío morirá en su iniquidad, mas su sangre demandaré de tu mano. 19Mas si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad, y de su mal camino, él morirá en su iniquidad, mas tú habrás librado tu alma. 20Y cuando el justo se apartare de su justicia, e hiciere iniquidad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y su justicia que había hecho no vendrá en memoria; mas su sangre demandaré de tu mano. 21Y si al justo amonestares para que el justo no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma. 22Y fue allí la mano del SEÑOR sobre mí, y díjome: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo. 23Y levantéme, y salí al campo: y he aquí que allí estaba la gloria del SEÑOR, como la gloria que había visto junto al río de Quebar: y caí sobre mi rostro. 24Entonces entró espíritu en mí, y afirmóme sobre mis pies, y hablóme, y díjome: Entra, y enciérrate dentro de tu casa. 25Y tú, oh hijo del hombre, he aquí que pondrán sobre ti cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás entre ellos. 26Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón que reprende: porque son casa rebelde. 27Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho el Señor DIOS: El que oye, oiga; y el que cesa, cese: porque casa rebelde son.
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- 28 de abril · TardeEzequiel 3:7
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