Reina Valera Gómez · Antiguo Testamento
Isaías 64
1¡Oh que rompieras los cielos, y descendieras, y ante tu presencia se deslizaran las montañas, 2como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas, para que dieras a conocer tu nombre a tus adversarios, [y] las naciones temblaran ante tu presencia! 3Cuando hiciste cosas terribles, [que] no esperábamos, descendiste [y] se deslizaron las montañas ante tu presencia. 4Porque desde el principio del mundo el hombre no ha escuchado, ni el oído ha percibido, ni el ojo ha visto, a un Dios, fuera de ti, que hiciese [tanto] por el que en Él espera. 5Saliste al encuentro del que con alegría hacía justicia, de [los que] se acordaban de ti en tus caminos: (he aquí, tú te enojaste porque pecamos:) en ellos hay perpetuidad, y nosotros seremos salvos. 6Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. 7Y nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para asirse de ti; porque escondiste de nosotros tu rostro, y nos has consumido a causa de nuestras iniquidades. 8Pero ahora, oh Jehová, tú eres nuestro Padre; nosotros [somos] el barro, y tú nuestro alfarero; obra de tus manos somos todos nosotros. 9No te enojes sobremanera, oh Jehová, ni tengas perpetua memoria de la iniquidad; he aquí mira ahora, pueblo tuyo somos todos nosotros. 10Tus santas ciudades están desiertas, Sión es un desierto, Jerusalén una soledad. 11La casa de nuestro santuario y de nuestra gloria, en la cual te alabaron nuestros padres, fue consumida al fuego; y todas nuestras cosas preciosas han sido destruidas. 12¿Te quedarás quieto, oh Jehová, sobre estas cosas? ¿Callarás, y nos afligirás sobremanera?
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- 27 de octubre · TardeIsaías 64:6
Reina Valera Gómez. © 2004, 2010, 2023 Dr. Humberto Gómez Caballero. Distribución gratuita permitida sin cambiar el texto. Fuente.
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