Palabra de Dios para ti · Nuevo Testamento

Mateo 8

34 versículos · Equivalencia formal · texto crítico · español actual

Sigue el texto crítico: algunos pasajes (Marcos 16:9-20, Juan 7:53-8:11, Hechos 8:37) no aparecen.

1Cuando descendió de la colina, lo siguió una gran multitud. 2Ocurrió que un leproso se acercó, se postraba ante Él y decía: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 3Extendió la mano, lo tocó y dijo: Quiero, sé limpiado. Y al instante su lepra fue limpiada. 4Entonces Jesús le dijo: Mira, a nadie digas [esto]. Solo vé y muéstrate al sacerdote. Presenta la ofrenda que Moisés ordenó para testimonio a ellos. 5Cuando Él entró en Cafarnaúm se le acercó un centurión. Le rogó: 6Señor, mi esclavo está paralítico tendido en la casa, gravemente atormentado. 7Le respondió: Yo iré y lo sanaré. 8Pero el centurión le contestó: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Pero solo dí la palabra, y mi esclavo sanará. 9Porque yo también estoy bajo autoridad. Tengo soldados sometidos a mí. Digo a éste: Vé, y va; y a otro: Ven, y viene; y a mi esclavo: Haz esto, y lo hace. 10Cuando Jesús [lo] oyó, se maravilló y dijo a sus seguidores: En verdad les digo: Ni en Israel hallé tanta fe. 11Les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente, y se reclinarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino celestial, 12pero los hijos del reino serán lanzados a la oscuridad de afuera. Allí será el llanto y el crujido de los dientes. 13Entonces Jesús dijo al centurión: Vé, que te sea hecho como creíste. Y el esclavo fue sanado en aquella hora. 14Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste postrada en cama con fiebre. 15Tomó su mano y se le quitó la fiebre. Se levantó y le servía. 16Cuando llegó la tarde le llevaron muchos endemoniados. Con su Palabra echó los demonios y sanó a todos los enfermos, 17para que se cumpliera lo que el profeta Isaías dijo: Él tomó nuestras enfermedades y llevó nuestros dolores. 18Cuando Jesús vio la multitud alrededor de Él, mandó a pasar al otro lado. 19Un escriba se le acercó y le dijo: Maestro, te seguiré a dondequiera que vayas. 20Jesús le respondió: Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. 21Otro de los discípulos le dijo: Señor, permíteme primero ir y enterrar a mi padre. 22Jesús le contestó: Sígueme, y deja a los muertos que entierren a sus muertos. 23Cuando entró en la barca, sus discípulos lo siguieron. 24Surgió una gran tormenta en el mar, tan fuerte que las olas cubrían la barca. Él dormía. 25Lo despertaron y le clamaron: ¡Señor, sálvanos porque perecemos! 26Les respondió: [¡Hombres] de poca fe! ¿Por qué temen? Se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y se produjo una gran calma. 27Los hombres asombrados decían: ¿Quién es Éste, a Quien aun los vientos y el mar le obedecen? 28Al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos, dos endemoniados tan furiosos que nadie podía pasar por allí, salieron de los sepulcros y fueron a encontrarse con Él. 29De repente gritaron: ¿Qué tienes con nosotros, Hijo de Dios? ¿Llegaste aquí para atormentarnos antes de tiempo? 30Lejos de ellos había una piara de muchos cerdos. 31Los demonios le rogaban: Si nos echas, envíanos a la piara de los cerdos. 32Les contestó: Vayan. Y cuando ellos salieron, fueron a los cerdos. Toda la piara se despeñó por el acantilado al mar y murieron en las aguas. 33Los que los apacentaban huyeron, fueron a la ciudad y contaron todo lo que pasó con los endemoniados. 34Toda la ciudad salió a encontrar a Jesús. Al verlo le rogaron que saliera de sus alrededores.

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