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15 de abril

Mañana

Salmos 22:1«DIOS mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?»

Aquí contemplamos al Salvador en la hondura de sus dolores. Ningún otro lugar muestra tan bien los pesares de Cristo como el Calvario, y ningún otro momento en el Calvario está tan lleno de agonía como aquel en que su clamor rasga el aire: «DIOS mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?» En este momento la debilidad física se unió a una tortura mental aguda por la vergüenza y la ignominia por las cuales tenía que pasar; y para hacer culminar su dolor con énfasis, sufrió una agonía espiritual que supera toda expresión, resultante de la partida de la presencia de su Padre. Esta fue la negra medianoche de su horror; entonces fue cuando descendió al abismo del sufrimiento. Ningún hombre puede entrar en el sentido pleno de estas palabras. Algunos de nosotros pensamos a veces que podríamos clamar: «DIOS mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?» Hay estaciones en que el brillo de la sonrisa de nuestro Padre es eclipsado por nubes y oscuridad; pero recordemos que Dios nunca nos deja de veras. Con nosotros es solo un abandono aparente, pero en el caso de Cristo fue un abandono real. Nos dolemos de un pequeño retiro del amor de nuestro Padre; pero el volverse de veras el rostro de Dios de su Hijo, ¿quién calculará cuán honda fue la agonía que le causó?

En nuestro caso, nuestro clamor es a menudo dictado por la incredulidad; en el suyo, fue la expresión de un hecho terrible, porque Dios se había vuelto de veras de él por una temporada. Oh tú, alma pobre y angustiada, que una vez viviste al sol del rostro de Dios, pero ahora estás en tinieblas, recuerda que él no te ha dejado de veras. Dios en las nubes es tan nuestro Dios como cuando resplandece en todo el lustre de su gracia; pero puesto que aun el pensamiento de que nos ha dejado nos da agonía, ¿cuál debió de ser el dolor del Salvador cuando exclamó: «DIOS mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Salmos 28:9«ensálzalos para siempre.»

El pueblo de Dios necesita ser levantado. Es muy pesado por naturaleza. No tiene alas o, si las tiene, son como la paloma de antaño que yacía entre los tiestos; y necesita la gracia divina para remontarse en alas cubiertas de plata, y con plumas de amarillez de oro. Por naturaleza las chispas vuelan hacia arriba, pero las almas pecadoras de los hombres caen hacia abajo. ¡Oh Señor, «ensálzalos para siempre»! David mismo dijo: «A ti, oh Dios, levanto mi alma», y aquí siente la necesidad de que las almas de otros hombres sean levantadas lo mismo que la suya. Cuando pidas esta bendición para ti, no olvides buscarla también para otros. Hay tres maneras en que el pueblo de Dios requiere ser levantado. Requiere ser elevado en el carácter. Levántalo, oh Señor; ¡no sufras que tu pueblo sea como la gente del mundo! El mundo yace en el maligno; ¡sácalo de ella! La gente del mundo anda tras la plata y el oro, buscando sus propios placeres y la gratificación de sus concupiscencias; pero, Señor, levanta a tu pueblo por encima de todo esto; guárdalo de ser «rastrilladores de basura», como llama Juan Bunyan al hombre que siempre andaba raspando tras el oro. ¡Pon tú sus corazones en su Señor resucitado y en la heredad celestial! Además, los creyentes necesitan ser prosperados en el conflicto. En la batalla, si parecen caer, oh Señor, dígnate darles la victoria. Si el pie del enemigo está sobre su cerviz por un momento, ayúdales a empuñar la espada del Espíritu y, al fin, a ganar la batalla. Señor, levanta el ánimo de tus hijos en el día del conflicto; no los dejes sentados en el polvo, lamentándose para siempre. No sufras que el adversario los aflija duramente y los haga impacientarse; pero si han sido, como Ana, perseguidos, que canten la misericordia de un Dios que libra.

También podemos pedir a nuestro Señor que los levante al fin. Levántalos tomándolos a casa, levanta sus cuerpos del sepulcro, y eleva sus almas a tu reino eterno en gloria.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde