‹ Devocional

6 de enero

Mañana

1 Pedro 5:7«Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros.»

Es un modo feliz de aliviar la tristeza cuando podemos sentir: «ÉL tiene cuidado de mí». ¡Cristiano! No deshonres la religión llevando siempre un ceño de afán; ven, echa tu carga sobre tu Señor. Vas tambaleándote bajo un peso que tu Padre no sentiría. Lo que a ti te parece una carga aplastante, para él no sería más que el polvo menudo de la balanza. Nada es tan dulce como

Yacer pasivo en las manos de Dios, y no conocer otra voluntad que la suya.

Oh hijo del sufrimiento, sé tú paciente; Dios no te ha pasado por alto en su providencia. El que alimenta a los gorriones también te proveerá de lo que necesitas. No te sientes en la desesperación; sigue esperando, espera siempre. Toma las armas de la fe contra un mar de aflicciones, y tu resistencia aún pondrá fin a tus angustias. Hay Uno que tiene cuidado de ti. Su ojo está fijo en ti, su corazón late de compasión por tu dolor, y su mano omnipotente aún te traerá la ayuda necesaria. La nube más oscura se deshará en lluvias de misericordia. La oscuridad más negra cederá el lugar a la mañana. Él, si eres de su familia, vendará tus heridas y sanará tu corazón quebrantado. No dudes de su gracia a causa de tu tribulación, sino cree que te ama tanto en tiempos de aflicción como en tiempos de felicidad. ¡Qué vida serena y quieta podrías llevar si dejaras el proveer al Dios de la providencia! Con un poco de aceite en la vasija y un puñado de harina en la tinaja, Elías sobrevivió al hambre, y tú harás lo mismo. Si Dios tiene cuidado de ti, ¿por qué has de tenerlo tú también? ¿Puedes confiarle tu alma, y no tu cuerpo? Nunca se ha negado a llevar tus cargas; nunca ha desfallecido bajo su peso. ¡Ven, pues, alma! Acaba ya con el afán inquieto, y deja todos tus asuntos en la mano de un Dios lleno de gracia.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Ezequiel 33:22«Y la mano de Jehová había sido sobre mí la tarde»

En camino de juicio puede darse este caso y, si es así, sea lo mío considerar la razón de semejante visitación, y soportar la vara y a aquel que la ha establecido. No soy el único a quien se castiga en las horas de la noche; sométame yo con alegría a la aflicción, y procure con cuidado sacar provecho de ella. Pero la mano del Señor puede sentirse también de otra manera, fortaleciendo el alma y levantando el espíritu hacia las cosas eternas. ¡Oh, que yo sienta, en este sentido, al Señor tratando conmigo! Un sentido de la presencia divina y de su inhabitación lleva el alma hacia el cielo como sobre alas de águilas. En tales momentos estamos llenos hasta el borde de gozo espiritual, y olvidamos los cuidados y las tristezas de la tierra; lo invisible está cerca, y lo visible pierde su poder sobre nosotros; el cuerpo siervo espera al pie del monte, y el espíritu señor adora en la cumbre, en la presencia del Señor. ¡Oh, que se me conceda esta tarde un tiempo santificado de comunión divina! El Señor sabe que lo necesito en gran manera. Mis gracias languidecen, mis corrupciones se enfurecen, mi fe es débil, mi devoción es fría; todas estas son razones para que su mano sanadora sea puesta sobre mí. Su mano puede enfriar el ardor de mi frente encendida, y detener el tumulto de mi corazón palpitante. Esa diestra gloriosa que modeló el mundo puede crear de nuevo mi mente; la mano infatigable que sostiene las enormes columnas de la tierra puede sostener mi espíritu; la mano amorosa que encierra a todos los santos puede abrigarme; y la mano poderosa que hace pedazos al enemigo puede someter mis pecados. ¿Por qué no habría yo de sentir esa mano tocándome esta tarde? Ven, alma mía, dirige a tu Dios la súplica potente de que las manos de Jesús fueron traspasadas para tu redención, y de cierto sentirás sobre ti aquella misma mano que una vez tocó a Daniel y lo puso de rodillas para que viera visiones de Dios.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde