Sermones Bíblicos
Doble tabla: primera tabla
John FlavelDOBLE TABLA
Que contiene, en la primera, los pecados en los cuales con más facilidad caen los miembros de las iglesias particulares, pecados que la Palabra prohíbe con toda claridad, y por los cuales Dios pone sobre ellos señales de su desagrado. En la segunda, los deberes que la Escritura les impone, deberes en cuyo cumplimiento, cuando ese cumplimiento es concienzudo, reciben frutos señalados de su favor.
PRIMERA TABLA
Pecado 1. El primer pecado, y más general, de los miembros de las iglesias está en que les falta el cuidado y la circunspección con que han de prevenir toda ofensa justificada a los que están fuera de la iglesia. Lo prohíbe Colosenses 4:5: Andad en sabiduría para con los extraños. Por el descuido con que esta regla se desatiende, endurecemos a los impíos en sus pecados, traemos culpa sobre nosotros mismos, y traemos oprobio sobre el nombre y los caminos de Dios.
Pecado 2. El segundo pecado, ya más particular, en el cual caen algunos miembros de las iglesias, es, por una parte, la ociosidad y, por la otra, el descuido de las vocaciones civiles que les corresponden. Y esto va en contra de la regla expresa de la Escritura, 2 Tesalonicenses 3:11, 12: Andan algunos entre vosotros fuera de orden, no trabajando en nada: á los tales requerimos y rogamos por nuestro Señor Jesucristo, que, trabajando con reposo, coman su pan. Con esto atraen la pobreza sobre sí mismos, y atraen igualmente el escándalo sobre la religión.
Pecado 3. El tercer pecado consiste en andar con chismes, y en revelar los secretos que son de las familias y los que son de las personas. De ahí nacen entre ellos muchas contiendas, y el efecto de esas contiendas es enfriar y apagar el amor mutuo. Está prohibido de manera expresa en Levítico 19:16: No andarás chismeando en tus pueblos. Y también en 1 Timoteo 5:13: No solamente ociosas, sino también parleras y curiosas, hablando lo que no conviene.
Pecado 4. El cuarto pecado es creer con facilidad los susurros que se dicen en privado, y lanzar a raíz de ellos censuras que son precipitadas. Esto no lo debemos hacer ni siquiera contra aquel miembro que es el más humilde de todos. 2 Corintios 12:20: Que [haya] entre vosotros contiendas, envidias, iras, disensiones, detracciones, murmuraciones, &c. Y mucho menos lo debemos hacer contra los que ejercen oficio dentro de la iglesia. 1 Timoteo 5:19: Contra el anciano no recibas acusación sino con dos ó tres testigos. Semejante modo de proceder hiere el vínculo de la paz entre ellos.
Pecado 5. El quinto pecado es el descuido de las ordenanzas de Dios, descuido en que caen por causa de distracciones leves, y ello aun cuando no los impide ninguna obra de necesidad ni ninguna obra de misericordia. Es contrario a Hebreos 10:25: No dejando nuestra congregación, como algunos tienen por costumbre. No hay ocasión, por trivial que sea, que deba apartar a cristiano alguno de asistir a las ordenanzas de Dios.
Pecado 6. El sexto pecado es un defecto en el celo por las ordenanzas de Dios, y ese defecto se manifiesta en su tardanza para asistir a las ordenanzas. Es contrario a Salmos 122:1: YO me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos. Y tampoco es conforme con aquella práctica en que anduvieron al principio, Gálatas 4:15: ¿Dónde está pues vuestra bienaventuranza? &c.
Pecado 7. El séptimo pecado es la irreverencia, y la falta de la seriedad que al caso corresponde, cuando se hallan bajo las ordenanzas. Es contrario a Salmos 89:7: Dios terrible en la grande congregación de los santos, y formidable sobre todos cuantos están alrededor suyo. Y esto se manifiesta, por un lado, en los atavíos vanos, 1 Corintios 11:10: La mujer debe tener [señal de] potestad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. Y, por otro lado, en las posturas del cuerpo y en los gestos que resultan indecorosos, Eclesiastés 5:1: CUANDO fueres á la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oir que para dar el sacrificio de los necios.
Pecado 8. El octavo pecado, reprensible en ellos, es el descuido de darse unos a otros las reprensiones que son debidas, y el descuido de recibirlas también unos de otros. Es contrario a Levítico 19:17: Ingenuamente reprenderás á tu prójimo, y no consentirás sobre él pecado. Y es contrario a la regla que dio el propio Cristo, Mateo 18:15: Ve, y redargúyele entre ti y él solo. Y así, en lo que toca a recibir las reprensiones, y no solo a darlas, véase Salmos 141:5: Que el justo me castigue, &c.
Pecado 9. El noveno pecado son las contiendas de unos con otros y las animosidades que entre sí mantienen, las cuales no componen entre ellos mismos ni en el tiempo que es debido ni con la prudencia que hace falta, sino que las ponen de manifiesto, de manera escandalosa, a la vista del mundo. Es contrario a la regla del Apóstol, 1 Corintios 6:5, 6: ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, &c. Sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los infieles? Así que, por cierto es ya una falta en vosotros.
Pecado 10. El décimo pecado es la estrechez en que se encierran sus espíritus, los cuales se centran más de la cuenta en los asuntos que les son propios. Y este pecado está condenado de manera expresa en Filipenses 2:21: Todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Y es contrario al ejemplo que la misma Escritura pone delante de nuestros ojos, 2 Corintios 11:29: ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿Quién se escandaliza, y yo no me quemo?
Ver el original (inglés)
Original en inglés
A DOUBLE TABLE
Containing, in the first, the Sins most incident to the Members of particular Churches, plainly forbidden in the Word, and for which God sets marks of his displeasure on them.—In the second, the duties enjoined on them in the Scripture, in the conscientious discharge whereof, they receive signal fruits of his favour.
FIRST TABLE
Sin 1. The first, and more general sin of church-members, is, a defect in their care and circumspection, to prevent all just offences to them that are without; forbidden Col. iv. 5. Walk in wisdom towards them which are without. By a careless disregard of this rule, we harden the wicked in their sins, bring guilt upon ourselves, and reproach upon the name and ways of God.
Sin 2. The second, and more particular sin of some church-members, is idleness, and neglect of their civil callings; against the express rule, 2 Thess. iii. 11, 12. There are some which walk among you disorderly, working not at all: such we command and exhort by our Lord Jesus Christ, that with quietness they work, and eat their own bread. This brings poverty on themselves, and scandal on religion.
Sin 3. The third sin is tale-bearing, and revealing the secrets of families, and persons; whence many strifes arise, to the cooling and quenching of mutual love; expressly forbidden, Lev. xix. 16.Thou shalt not go up and down as a tale-bearer among the people. And 1 Tim. v. 13.Not only idle, but tattlers also and busy-bodies, speaking things which they ought not.
Sin 4. The fourth sin is an easy credulity of private whispers and rash censures thereupon. This we ought not to do against the meanest member. 2 Cor. xii. 20. Lest there be debates, envyings, wraths, strifes, backbitings, whisperings, &c. Much less against church officers. 1 Tim. v. 19, Against an elder receive not an accusation, but before two or three witnesses. This strikes at the bond of peace.
Sin 5. The fifth sin is their neglect of God’s ordinances upon slight diversions, when they are neither disabled by works of necessity, or mercy; contrary to Heb. x. 25, Not forsaking the assembling of ourselves together, as the manner of some is. Trivial occasions should divert no Christian from attending upon God’s ordinances.
Sin 6. The sixth sin is a defect in zeal for God’s ordinances, manifest in their dilatory attendance; contrary to Psal. cxxii. 1, I was glad when they said unto me, let us go into the house of the Lord. And unsuitable to their first practice, Gal. iv. 15. Where is then the blessedness? &c.
Sin 7. The seventh sin is irreverence, and want of seriousness under ordinances; contrary to Psal. lxxxix. 7, Gos is greatly to be feared in the assembly of the saints; and to be had in reverence of all that are round about him. And this is manifest in vain attires, 1 Cor. xi. 10. The woman ought to have power on her head, because of the Angels. And unseemly postures and gestures, Eccl. v. 1. Keep thy foot, when thou goest to the house of God; and be more ready to hear, than to give the sacrifice of fools.
Sin 8. The eighth sin reprovable in them, is, the neglect of giving and taking due reproofs from each other; contrary to Lev. xix. 17. Thou shalt in any wise rebuke thy neighbour, and not suffer sin upon him. And Christ’s own rule, Matt. xviii. 15. Go, and tell him his fault between thee and him alone. And so for taking reproofs, see Psal. cxli. 5. Let the righteous smite me, &c.
Sin 9. The ninth sin is, mutual strifes and animosities, not seasonably and prudently composed among themselves, but scandalously exposed to the view of the world; contrary to the Apostle’s rule, 1 Cor. vi. 5, 6. Is there not a wise man among you, &c. But brother goeth to law with brother, and that before unbelievers? Now therefore, there is utterly a fault among you.
Sin 10. The tenth sin is, the privateness of their spirits, centring too much in their own concerns; expressly condemned, Phil. ii. 21. All seek their own, not the things that are Jesus Christ’s. And contrary to scripture-example, 2 Cor. xi. 29. Who is weak, and I am not weak? Who is offended, and I burn not?
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